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L铆branos del Mal (2014) Deliver Us from Evil



L铆branos del Mal es una pel铆cula perteneciente al g茅nero de terror-delitos estadounidense del a帽o 2014 dirigida por Scott Derrickson, producida por Jerry Bruckheimer, basada en un libro de no ficci贸n de 2001, titulado Cuidado con la Noche (Beware the Night ) de Ralph Sarchie y Lisa Collier Cool. La pel铆cula fue inspirada en el libro, pero el gui贸n fue una elaboraci贸n original de Derrickson y Paul Harris Boardman, sin incluir casos del libro de Sarchie. Derrickson dirigi贸 El Exorcismo de Emily Rose.

Protagonizada por Eric Bana, 脡dgar Ram铆rez, Sean Harris, Olivia Munn y Joel McHale, la pel铆cula fue estrenada el 2 de julio de 2014.

"L铆branos del mal es oscura, violenta y una aventura en la gracia" Hermana Rose Pacatte tree of life

"¿Por qu茅 una madre en un zoologico podr铆a arrojar a su beb茅 a una jaula de leones? Ese es el tipo de horrorosas preguntas que pueden ser interpretadas de formas muy distintas entre un polic铆a y un sacerdote" - Steven D. Greydanus.











Trama

Ralph Sarchie (Erci Bana) es un polic铆a de la Ciudad de Nueva York, est谩 casado con Jen (Olivia Munn) y tienen una hija. Sarchie, educado en la religi贸n cat贸lica, ha perdido su fe hace a帽os.

Trabaja junto a su compa帽ero Butler (Joel McHale), quien lo sigue y conf铆a en 茅l. Butler dice que Ralph tiene un sexto sentido para detectar peligros, y ante situaciones o llamadas de emergencias Ralph siente cuando una de ellas es realmente seria y peligrosa. Ambos est谩n acostumbrados a la violencia de la noche, han experimentado y visto cosas que Ralph ni siquiera se atreve a contarle a su esposa. Dentro de esta vor谩gine de criminalidad todo marcha con cierta... digamos... normalidad, todo hasta que una serie de eventos, que luego terminan estando relacionados, se escapan a esa normalidad, a esa normalidad de la naturaleza humana.

Siguiendo estos nuevos cr铆menes comienzan a encontrarse con un hombre, Mendoza, que est谩 all铆 persiguiendo el mismo caso pero desde otro camino, desde otra perspectiva. Resulta de Mendoza es un sacerdote cat贸lico, exorcista, y sus explicaciones que en un comienzo Ralph no puede aceptar poco a poco van cuadrando con los eventos criminales. Las ideas sobre el bien y el mal del polic铆a y la forma en que las racionaliza tendr谩n una duro despertar cuando choquen directamente con la realidad.



Elenco

Eric Bana - Ralph Sarchie.
脡dgar Ram铆rez - Padre Mendoza.
Olivia Munn - Jen Sarchie, la esposa de Ralph.
Sean Harris - Santino, un soldado pose铆do por el diablo.
Joel McHale - Butler, polic铆a compa帽ero de Ralph.
Chris Coy - Jimmy Tratner
Dorian Missick - Gordon
Rhona Fox - Encargado del zool贸gico
Valentina Rend贸n - Claudia
Olivia Horton - Jane Crenna

Cr铆ticas

En IMDb la pel铆cula mantiene un 6,3/10, en base a las votaciones de 27 mil usuarios.
En el sitio recopilador de rese帽as Rotten Tomaties la pel铆cula mantiene un 28% de aprobaci贸n en base a las rese帽as de 115 cr铆ticos; de acuerdo a 23 mil usuarios mantendr铆a un 43%. El consenso general del sitio afirma: "El director Scott Derrickson sigue teniendo un conocimiento fiable firme en la atm贸sfera espeluznante, pero L铆branos del Mal tiene falta de sustos originales, la maldad se refleja en su t铆tulo."
En Metacritic, la pel铆cula tiene una calificaci贸n de 40/100, lo que indica "cr铆ticas mixtas o promedio".

Michael Jameson escribi贸 para el The Catholic World Report "... la pel铆cula puede ser vista. Daba miedo y generaba suspenso en el sentido que una pel铆cula de miedo debe hacerlo, pero nunca me atter贸. Dios es Dios en lapel铆cula, y el mal no triunfa, as铆 que los puntos m谩s amplios est谩n en su lugar. Estamos de acuerdo con la cosmovisi贸n de la pel铆cula, lo que es algo agradable."

"Para mi, L铆branos del mal, no es una pel铆cula de terror, aunque algunas personas pueden asustarse vi茅ndola. Podr铆a llamarla un thriller psicol贸gico, pero creo que una aventura en la gracia es una descripci贸n m谩s apta, a pesar de lo oscura y violenta historia. El Conjuro fue un festival de terror, pero esta es una pel铆cula con capas y absorbente sobre el poder de Dios y el bien en el mundo, incluso estando en medio del sufrimiento y la maldad" - Hermana Rose Pacatte

Vale destacar que Steven D Greydanus habl贸 con el director y este le explic贸 que no quer铆a que se promocionara al sacerdote de la pel铆cula como un "renegado" o "poco ortodoxo" sacerdote cat贸lico. El sacerdote Mendoza es un buen sacerdote que est谩 dentro de la Iglesia, un jesuita que se mantiene como buen jesuita.

Comentario Hermana Rose Pacatte



Entrevista al sacerdote exorcista Padre Fortea







Annabelle (2014)



Annabelle es una pel铆cula estadounidense de terror dirigida por John R. Leonetti y escrita por Gary Dauberman. Se trata de un "spin-off" de la pel铆cula: The Conjuring. Est谩 protagonizada por Annabelle Wallis y Ward Horton. Se estren贸 el 3 de octubre de 2014 en Estados Unidos.

Rese帽a, en ingl茅s, en Catholic News Service.

Trama

John Form ha encontrado el regalo perfecto para su esposa embarazada, Mia, la cual es una hermosa mu帽eca antigua, en un vestido de novia blanco puro. Pero el deleite de Mia con Annabelle no dura mucho tiempo. En una noche horrible, su casa es invadida por los miembros de una secta sat谩nica, que atacan violentamente a la pareja. La sangre derramada y el terror no son todo lo que dejan atr谩s. Los sat谩nicos han conjurado una entidad tan mal茅vola que nada que hicieron se comparar谩 con la conducta siniestra de Annabelle.



Elenco

Annabelle Wallis4 - Mia Form
Ward Horton4 - John Form
Eric Ladin5 - Detective Clarkin
Brian Howe5 - Pete Higgins
Alfre Woodard6 - Evelyn
Tony Amendola - Padre Perez




Sinopsis

 

Rito de los Exorcismos


Texto en espa帽ol de la Congregaci贸n para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos (26 de enero de 1999)

Autor: Congregaci贸n para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos | Fuente: www.corazones.org

EL RITO DE EXORCISMO

-Publicado por el Vaticano en Enero de 1999

CONGREGACION DEL CULTO DIVINO Y DISCIPLINA DE LOS SACRAMENTOS Prot. N. 1280 / 98 / L




DECRETO

La Iglesia obediente a la oraci贸n del Padre Nuestro, ya desde tiempos antiguos provey贸 con misericordia entre los sacramentales el que por piadosas oraciones dirigidas a Dios se buscara que los cristianos fueran liberados de diversos peligros y especialmente de las asechanzas del demonio. De una manera muy especial instituy贸 exorcistas en la Iglesia, los que, imitando la caridad de Cristo, pusieran remedio a las posesiones del maligno, incluso ordenando en nombre de Dios a los demonios para que se fueran y no da帽aran por cualquier raz贸n a los hombres por m谩s tiempo.

Pareci贸 oportuno en nuestros tiempos revisar las normas tradicionales y las oraciones y tambi茅n los modelos del t铆tulo XII del Ritual Romano, a fin de que los ritos respondieran a los decretos de la Constituci贸n Sacrosanctum Concilium de Concilio Vaticano II, y especialmente el art铆culo 79.

Por lo tanto este ritual de Exorcismos ha sido renovado y aprobado por el Sumo Pont铆fice Juan Pablo II el d铆a 1 de Octubre de 1998, y esta Congregaci贸n lo promulga para que sustituya a las normas y modelos que hasta hoy hab铆a en el t铆tulo XII del Ritual Romano.

Tan pronto vea la luz la edici贸n la pueden utilizar todos aquellos a los que seg煤n el derecho compete usarla. No obstante cuiden las Conferencias Episcopales que las ediciones en lengua vern谩cula preparadas para el Ritual y adaptadas a las normas del derecho, se remitan a la Santa Sede para su aprobaci贸n.

Quedando anulado todo lo pudiese haber en contra.

De los magistrados de la Congregaci贸n del Culto Divino y Disciplina del los Sacramentos, d铆a 22 de Noviembre de 1998, en la solemnidad de nuestro Sr. Jesucristo Rey Universal.

Georgius Card. MEDINA ESTEVEZ
Prefecto
Gerardus M. Agnelo
Archiep. A Secretis


Presentaci贸n oficial del cardenal Medina Est茅vez,
prefecto de la Congregaci贸n para el culto divino y la disciplina de los sacramentos
en la sala de Prensa de la Santa Sede


Martes 26 de enero de 1999

Para poder entender qu茅 es el exorcismo, se debe partir de Jes煤s y de su misma praxis.

Jesucristo vino al mundo y a los hombres para anunciar e inaugurar el reino de Dios. Los hombres poseen una innata capacidad para recibir a Dios en su coraz贸n (cf. Rm 5, 5). Sin embargo, esta capacidad para acoger a Dios es ofuscada por el pecado, y en algunas ocasiones el mal ocupa en el hombre el puesto que s贸lo le corresponde a Dios. Por ello, Jesucristo vino a liberar al hombre del mal y del pecado, y tambi茅n de todas las formas de dominaci贸n del maligno, es decir, del diablo y de sus esp铆ritus malignos, llamados demonios, que quieren pervertir el sentido de la vida del hombre. Por esta raz贸n, Jesucristo expulsaba los demonios y liberaba a los hombres de la posesi贸n de los esp铆ritus malignos, para hallar cabida en el coraz贸n del hombre y darle la posibilidad de conseguir la libertad ante Dios, que quiere darle su Esp铆ritu Santo, para que se convierta en su templo vivo (cf. 1 Co 6, 19; 1 P 2, 5) y dirija sus pasos hacia el camino de la paz y de la salvaci贸n (cf. Rm 8, 1-17; 1 Co 12, 1-11; Ga 5, 16-26).

La Iglesia est谩 llamada a seguir a Jesucristo y ha recibido, de Cristo mismo, el poder de continuar, en su nombre, su misi贸n. De aqu铆 que la acci贸n de Cristo para liberar al hombre del mal se ejercita a trav茅s del servicio de la Iglesia y de sus ministros ordenados, delegados por el obispo para cumplir los ritos sagrados dirigidos a librar a los hombres de la posesi贸n del maligno.

El exorcismo constituye una antigua y particular forma de oraci贸n que la Iglesia emplea contra el poder del diablo. He aqu铆 c贸mo explica el Catecismo de la Iglesia cat贸lica en qu茅 consiste el exorcismo y c贸mo se lleva a cabo: «Cuando la Iglesia pide p煤blicamente y con autoridad, en nombre de Jesucristo, que una persona o un objeto sea protegido contra la influencia del maligno y substra铆do a su dominio, se habla de exorcismo. Jes煤s lo practic贸 (cf. Mc 1, 25 ss); de 茅l deriva a la Iglesia el poder y la tarea de exorcizar (cf. Mc 3, 15; 6, 7. 13; 16, 17). De una manera simple, el exorcismo se practica durante la celebraci贸n del bautismo. El exorcismo solemne, llamado «gran exorcismo», puede ser practicado s贸lo por un presb铆tero y con el permiso del obispo. En esta materia es necesario proceder con prudencia, observando rigurosamente las normas establecidas por la Iglesia. El exorcismo tiene como objeto expulsar a los demonios o liberar de la influencia demon铆aca, mediante la autoridad que Jes煤s ha dado a su Iglesia. Muy diferente es el caso de enfermedades, sobre todo ps铆quicas, cuya curaci贸n pertenece al campo de la ciencia m茅dica. Es importante, por lo tanto, asegurarse, antes de celebrar el exorcismo, que se trate de una presencia del maligno y no de una enfermedad (cf. C贸digo de derecho can贸nico, c. 1172)» (Catecismo de la Iglesia cat贸lica, n. 1673).

La Sagrada Escritura nos ense帽a que los esp铆ritus malignos, enemigos de Dios y del hombre, realizan su acci贸n de modos diversos; entre 茅stos se se帽ala la obsesi贸n diab贸lica, llamada tambi茅n posesi贸n diab贸lica. Sin embargo, la obsesi贸n diab贸lica no constituye la manera m谩s frecuente como el esp铆ritu de las tinieblas ejerce su influjo. La obsesi贸n tiene caracter铆sticas de espectacularidad; en ella el demonio se apropia, en cierto modo, de las fuerzas y de la actividad f铆sica de la persona que sufre la posesi贸n. No obstante esto, el demonio no puede adue帽arse de la libre voluntad del sujeto, lo que impide el compromiso de la libre voluntad del pose铆do, hasta el punto de hacerlo pecar. Sin embargo, la violencia f铆sica que el diablo ejerce sobre el obseso constituye un incentivo al pecado, que es lo que 茅l quisiera obtener. El ritual del exorcismo se帽ala diversos criterios e indicios que permiten llegar, con prudente certeza, a la convicci贸n de que se est谩 ante una posesi贸n diab贸lica. Es solamente entonces cuando el exorcista autorizado puede realizar el solemne rito del exorcismo. Entre estos criterios indicados se encuentran: el hablar con muchas palabras de lenguas desconocidas o entenderlas; desvelar cosas escondidas o distantes; demostrar fuerzas superiores a la propia condici贸n f铆sica, y todo ello juntamente con una aversi贸n vehemente hacia Dios, la sant铆sima Virgen, los santos, la cruz y las sagradas im谩genes.

Se subraya que para llevar a cabo el exorcismo es necesaria la autorizaci贸n del obispo diocesano. Autorizaci贸n que puede ser concedida para un caso espec铆fico o de un modo general y permanente al sacerdote que ejerce en la di贸cesis el ministerio de exorcista.

El Ritual romano conten铆a, en un cap铆tulo especial, las indicaciones y el texto lit煤rgico de los exorcismos. Este cap铆tulo era el 煤ltimo, y hab铆a quedado sin ser revisado despu茅s del concilio Vaticano II. La redacci贸n final del Rito de los exorcismos ha requerido muchos estudios, revisiones, renovaciones y modificaciones, consultas a las diversas Conferencias episcopales; todo ello analizado por parte de una Asamblea ordinaria de la Congregaci贸n para el culto divino. El trabajo ha costado diez a帽os de esfuerzos, dando como resultado el texto actual, aprobado por el Sumo Pont铆fice, que hoy se hace p煤blico y se pone a disposici贸n de los pastores y de los fieles de la Iglesia. Resta, no obstante, un trabajo que incumbe a las respectivas Conferencias episcopales: la traducci贸n de este Ritual a las lenguas habladas en sus respectivos territorios. Estas traducciones deben ser exactas y fieles al original latino, y deben ser sometidas, seg煤n la norma can贸nica, a la recognitio de la Congregaci贸n para el culto divino. En el Ritual que hoy presentamos se encuentra, sobre todo, el rito del exorcismo propiamente dicho, que debe realizarse sobre la persona obsesa. Siguen las oraciones que debe decir p煤blicamente un sacerdote, con el permiso del obispo, cuando se juzga prudentemente que existe un influjo de Satan谩s sobre lugares, objetos o personas, sin llegar al nivel de una posesi贸n propiamente dicha. Contiene, adem谩s, una serie de oraciones que pueden ser dichas privadamente por los fieles, cuando sospechan con fundamento que est谩n sujetos a influjos diab贸licos.

El exorcismo tiene como punto de partida la fe de la Iglesia, seg煤n la cual existen Satan谩s y los otros esp铆ritus malignos, y que su actividad consiste en alejar a los hombres del camino de la salvaci贸n. La doctrina cat贸lica nos ense帽a que los demonios son 谩ngeles ca铆dos a causa del propio pecado; que son seres espirituales con gran inteligencia y poder: «El poder de Satan谩s, sin embargo, no es infinito. 脡ste no es sino una criatura, poderosa por el hecho de ser esp铆ritu puro, pero siempre criatura: no puede impedir la edificaci贸n del reino de Dios. Aunque Satan谩s act煤e en el mundo por odio contra Dios y su reino en Cristo Jes煤s, y su acci贸n cause graves da帽os -de naturaleza espiritual e, indirectamente, tambi茅n de naturaleza f铆sica- a cada hombre y a la sociedad, esta acci贸n es permitida por la divina Providencia, que gu铆a la historia del hombre y del mundo con fuerza y suavidad. La permisi贸n por parte de Dios de la actividad diab贸lica constituye un misterio grande, sin embargo ianosotros sabemos que Dios dispone todas las cosas para el bien de los que lo amanlo (Rm 8, 28)» (Catecismo de la Iglesia cat贸lica, n. 395).

Quisiera subrayar que el influjo nefasto del demonio y de sus secuaces es habitualmente ejercitado a trav茅s del enga帽o, la mentira y la confusi贸n. As铆 como Jes煤s es la Verdad (cf. Jn 8, 44), el diablo es el mentiroso por excelencia. Desde siempre, desde el inicio, la mentira ha sido su estrategia preferida. No hay lugar a dudas de que el diablo tiene la capacidad de atrapar a muchas personas en las redes de las mentiras, peque帽as o grandes. Enga帽a a los hombres haci茅ndoles creer que no tienen necesidad de Dios y que son autosuficientes, sin necesitar ni la gracia ni la salvaci贸n. Logra enga帽ar a los hombres amortiguando en ellos, e incluso haciendo desaparecer, el sentido del pecado, sustituyendo la ley de Dios como criterio de moralidad por las costumbres o consensos de la mayor铆a. Persuade a los ni帽os para que crean que la mentira constituye una forma adecuada para resolver diversos problemas, y de esta manera se forma entre los hombres, poco a poco, una atm贸sfera de desconfianza y de sospecha. Detr谩s de las mentiras, que llevan el sello del gran mentiroso, se desarrollan las incertidumbres, las dudas, un mundo donde ya no existe ninguna seguridad ni verdad, y en el cual reina, en cambio, el relativismo y la convicci贸n de que la libertad consiste en hacer lo que da la gana. De esta manera no se logra entender que la verdadera libertad consiste en la identificaci贸n con la voluntad de Dios, fuente del bien y de la 煤nica felicidad posible.

La presencia del diablo y de su acci贸n explica la advertencia del Catecismo de la Iglesia cat贸lica: «La dram谩tica condici贸n del mundo que "yace" todo 茅l "bajo el poder del maligno" (1 Jn 5, 19), hace que la vida del hombre sea una lucha: "Toda la historia humana se encuentra envuelta en una tremenda lucha contra el poder de las tinieblas; lucha que comenz贸 ya en el origen del mundo, y que durar谩, como dice el Se帽or, hasta el 煤ltimo d铆a. Inserto en esta batalla, el hombre debe combatir sin descanso para poder mantenerse unido al bien; no puede conseguir su unidad interior si no es al precio de grandes esfuerzos, con la ayuda de la gracia de Dios" (Gaudium et spes, 37, 2)» (n. 409).

La Iglesia est谩 segura de la victoria final de Cristo y, por tanto, no se deja arrastrar por el miedo o por el pesimismo; al mismo tiempo, sin embargo, es consciente de la acci贸n del maligno, que trata de desanimarnos y de sembrar la confusi贸n. «Tengan confianza -dice el Se帽or-; yo he vencido al mundo» (Jn 8, 33). En este marco encuentran su justo lugar los exorcismos, expresi贸n importante, pero no la 煤nica, de la lucha contra el maligno.

Card. Jorge A. MEDINA EST脡VEZ
Prefecto

PREFACIO

En todo el curso de la historia de la salvaci贸n se encuentran seres ang茅licos, algunos que sirven al consejo divino y al misterio de la Iglesia y dan continuamente una potente ayuda; pero sin embargo otros ca铆dos, y llamados diab贸licos, se oponen a Dios, a su voluntad salv铆fica y al cumplimiento de la misi贸n de Cristo, intentando asociar al hombre a la propia rebeli贸n contra Dios.

En las Sagradas Escrituras, al Diablo y a los demonios se les dan diversos nombres, entre los que algunos hacen referencia a su naturaleza y otros a la actividad. El Diablo que se llama tambi茅n Satan谩s, antigua serpiente y drag贸n, es el que seduce a todo el universo y lucha contra aquellos que cumplen los mandamientos de Dios y aceptan el testimonio de Jes煤s (cf. Apoc 12,9.17). Desde el principio se le se帽ala como adversario de los hombres (1 Petr 5,8) y homicida (cf. Io 8,44); pues por el pecado hizo al hombre sujeto a la muerte. Por el hecho de que con sus insidias provoca al hombre para que desobedezca a Dios, este Malo se llama Tentador (cf. Mt 4,3 et 26,36-44), mentiroso y padre de la mentira (cf. Io 8,44), que obra sagaz y falsamente, como lo atestigua la seducci贸n de nuestros primeros padres (cf.Gen 3,4.13), el intento de apartar a Jes煤s de la misi贸n aceptada al Padre (cf. Mt 4,1-11; Mc 1,12; Le 4,1-13) y su transfiguraci贸n en 谩ngel de luz (cf. 2Cor 11, 14). Se llama tambi茅n pr铆ncipe de este mundo (cf. Io 12, 31:14, 30), especialmente del mundo que ha sido dominado por el Maligno (1 Io 5, 19) y no conoci贸 la Luz verdadera (cf. Io 1, 9-10). Finalmente su poder es declarado como poder de las tinieblas (cf. Lc 22, 53; Col 1, 13), puesto que odia la Luz, que es Cristo, y lleva a los hombres a sus propias tinieblas. Los Demonios verdaderamente aquellos que con el diablo no reconocieron el principado de Dios, fueron declarados r茅probos (cf. 2 Petr 2, 4) y forman la maldad espiritual (cf. Eph 6, 12), puesto que hubieran sido creados esp铆ritus que pecaron, y los 谩ngeles son llamados Satan谩s (cf. Mt 25, 41; 2Cor 12, 7; Apoc 12, 7.9), lo cual puede significar tambi茅n que les fue concebida una misi贸n especial por el pr铆ncipe maligno.

La victoria del Hijo de Dios destruy贸 (cf. 1 Io 3, 8) las obras de todos estos esp铆ritus inmundos, malos y seductores (cf. Mt 10, 1; Mc 5, 8; Lc 6, 18; 11,26, Act 8,7; 1Tim 4, 1; Apoc 18, 2). Aunque “invadi贸 la historia de todos los hombres una ardua batalla contra las potestades de las tinieblas” “que durar谩 hasta el final de los d铆as”, Cristo por su pascual misterio de muerte y resurrecci贸n “nos ha arrancado de la servidumbre del diablo y del pecado” rompiendo su imperio y liberando todas las cosas de los contagios malignos. Como pues la acci贸n contraria y destructora del Diablo y de los demonios afecte a las personas, cosas, lugares y se agrupen de diverso modo, la Iglesia, siempre consciente de que “los d铆as son malos” (Eph 5, 16), or贸 y ora para que los hombres sean liberados del demonio.

PRAENOTANDA

DE LA VICTORIA DE CRISTO Y LA AUTORIDAD DE LA IGLESIA CONTRA LOS DEMONIOS

1. La Iglesia cree firmemente que hay un solo y verdadero Dios, Padre, Hijo y Esp铆ritu Santo, un solo principio de todas las cosas: creador de todas las cosas “visibles e invisibles.” Y adem谩s; Dios cuida y gobierna con su providencia todas las cosas que hizo (cf. Col 1, 16), y no hizo nada que no fuera bueno. Hasta “los diablos y los otros demonios fueron creados tambi茅n por Dios buenos en cuanto a la naturaleza; pero ellos se hicieron malos por s铆 mismos.” De donde ellos hubieren sido buenos si hubiesen permanecido buenos como fueron hechos. Pero como usaron mal de su extraordinaria naturaleza, y no permanecieron en la verdad (cf. Io 8, 44), no se convirtieron en una sustancia contraria (mala), sino que se separaron del sumo Bien, al que se ten铆an que haber unido.
2. El hombre, pues, fue creado a imagen de Dios “en la justicia y la santidad de verdad” (Eph 4,24) y su dignidad exige que elija con libertad y seg煤n la conciencia. “Pero, con la persuasi贸n diab贸lica, abus贸 demasiado del don de la libertad. Por el pecado de la desobediencia (cf. Gen 3; Rom 5, 12) bajo el poder del diablo, adem谩s de que le hizo volver a la muerte, fue hecho siervo del pecado. Por eso se estableci贸 en la historia de los hombres una dura lucha cuerpo a cuerpo contra las potestades de las tinieblas, que empezada en el origen del mundo, bajo la direcci贸n del Se帽or (cf. Mt 24, 13; 13, 24-30 y 36-43) durara hasta el 煤ltimo d铆a”.
3. El Padre todopoderoso y misericordioso envi贸 al mundo a su Hijo amado para sacar a los hombres de la potestad de las tinieblas, y llevarlos a su reino. (cf. Gal 4, 5; Col 1, 13). Por lo que Cristo, primog茅nito de toda criatura (Col 1, 15), renovando al viejo hombre, visti贸 la carne del pecado, para destruir por la muerte a aquel que ten铆a el imperio de la muerte, esto es, el diablo (Hebr 2, 14), y la herida naturaleza humana, por la Pasi贸n y Muerte de Jesucristo, constituirla en una nueva criatura, con el don del Esp铆ritu Santo.
4. El Se帽or Jes煤s, pues, en los d铆as de su encarnaci贸n, habiendo vencido las tentaciones en el desierto, (cf. Mt 4, 1-11; Mc 1, 12-13; Lc. 4, 1-13), con su autoridad expuls贸 a Satan谩s y a otros demonios, imponi茅ndoles su divina voluntad (cf. Mt 12, 27-29; Lc 11, 19-20). Haciendo bien y sanando a todos los opresos por el diablo (cf. Act 10, 38), manifest贸 su obra de salvaci贸n al liberar a los hombres del pecado, de sus consecuencias y del autor del primer pecado, homicida desde el principio y padre de la mentira (Io 8, 44).
5. Cuando vino la hora de las tinieblas, el Se帽or, “hecho obediente hasta la muerte” (Phil 2, 8), por el poder de la Cruz repeli贸 el nov铆simo 铆mpetu del Satan谩s (cf. Lc 4,13; 33, 53), triunfando de la soberbia del antiguo enemigo. Esta victoria se manifiesta con la gloriosa resurrecci贸n de Cristo, cuando Dios lo resucit贸 de entre los muertos y lo puso a su derecha en el cielo y todo lo sujet贸 debajo de sus pies (cf. Eph 1, 21-22)
6. Cristo, para el ministerio que les encomend贸, les dio poder a sus Ap贸stoles y otros disc铆pulos, para echar fuera a los esp铆ritus inmundos. (cf. Mt 10, 1.8; Mc 3, 14-15; 6, 7.13; Lc 9, 1; 10, 17.18-20). Les prometi贸 el Santo Esp铆ritu Par谩clito, que procede del Padre por medio del Hijo, que acusar谩 al mundo de juicio, porque el pr铆ncipe de este mundo ya ha sido juzgado (cf. Io 16, 7-11). Entre las se帽ales siguen a los creyentes , se enumera en el Evangelio el sacar los demonios (cf. Mt 16, 17).
7. De all铆 que la Iglesia ejerci贸, desde el tiempo de los ap贸stoles, la potestad de sacar demonios y repeler su influjo ( Act 5, 16; 8,7; 16, 18; 19, 12). Ora continua y confiadamente “en nombre de Jes煤s” para liberarse del Malo (cf. Mt 6, 13 ). Mand贸 a los demonios de varias maneras, por el mismo nombre y por la virtud del Esp铆ritu Santo, que no impidan la obra de evangelizaci贸n (cf. 1 Thess 2, 18) y le restituyan, como el M谩s Fuerte (cf. Lc 11, 21 22), el dominio de todo y tambi茅n de cada hombre. Se llama exorcismo cuando la Iglesia p煤blicamente y con autoridad, en nombre de Jes煤s, ora para que algunas personas o cosas sean protegidas contra el influjo del Maligno, y se saquen de su influjo.

DE LOS EXORCISMOS COMO TRABAJO DE SANTIFICAR LA IGLESIA

8. Por medio de la antiqu铆sima tradici贸n de la Iglesia conservada sin interrupci贸n, sabemos que el camino de la iniciaci贸n cristiana se organiza de tal manera que se se帽ala claramente la espiritual lucha cuerpo a cuerpo contra el poder del diablo ( cf. Eph 6, 12) y que la misma empiece a acontecer. Los exorcismos que hay que hacer de forma sencilla sobre los elegidos en el tiempo del catecumenado o exorcismos menores, son oraciones de la Iglesia para que estos, conocido que han sido liberados de pecado por el misterio de Cristo, se liberen de las secuelas del pecado y de los influjos del diablo, sean robustecidos en su camino espiritual y abran sus corazones para recibir los dones del Salvador. Por fin, en la celebraci贸n del Bautismo, los que se van a bautizar renuncian a Satan谩s y a su fuerza y poder y se oponen a 茅l con su fe propia en Dios uno y trino. Tambi茅n en el bautismo de p谩rvulos se hace una oraci贸n de exorcismo sobre los ni帽os “inclinados a las cosas agradables de este mundo y que han de luchar contra las insidias del demonio” , para que sean fortalecidos en el camino de la vida con la gracia de Cristo. Por el bautismo, el hombre participa de la victoria de Cristo sobre el diablo y el pecado, cuando pasa de aquel estado en el que nace como hijo del primer Ad谩n al estado de gracia y de adopci贸n como hijo de Dios por el segundo Ad谩n Jesucristo y es liberado de la servidumbre del pecado, con la libertad que Cristo nos liber贸 (cf. Gal 5, 1)
9. Los fieles, aun renacidos en Cristo, los que est谩n en el mundo experimentan tentaciones, por lo que deben vigilar porque su adversario “el Diablo como un le贸n rugiente da vueltas buscando a quien devorar” (cf. 1 Pet 5, 8). Al cual hay que resistir siendo fuertes en la fe, confortados por el Se帽or y en el poder de su virtud (Eph 6, 10) y apoyados por la Iglesia que ruega que sus hijos est茅n a salvo de cualquier perturbaci贸n. Por la gracia de los sacramentos y especialmente por la celebraci贸n repetitiva del de la penitencia consiguen fuerzas, hasta que lleguen a la plena libertad de los hijos de Dios (cf. Rom 88,21).
10. Pero el misterio de la piedad divina se hace para nosotros muy dif铆cil de entender, cuando alguna vez ocurren casos de alguna especial vejaci贸n o posesi贸n (ocupaci贸n) por parte del diablo de alguna persona agregada al pueblo de Dios y bautizado por Cristo para que como hijo de la luz caminara hacia la vida eterna. Entonces queda claro el misterio de iniquidad que se esta realizando en el mundo, aunque el demonio no pueda traspasar los l铆mites que Dios le haya impuesto. Esta forma de potestad del demonio sobre el hombre difiere de aquella que se daba en el hombre debido al pecado original, que es pecado. Si ocurre esto, la Iglesia implora a Cristo, Se帽or y Salvador, confiada en su poder, le ofrece ayudas al fiel vejado o pose铆do para sea liberado de la vejaci贸n o posesi贸n. 11. Entre estas ayudas sobresale el exorcismo mayor, solemne, que tambi茅n se llama mayor, que es una celebraci贸n lit煤rgica. Por esta raz贸n los exorcismos que intentan expulsar a los demonios o liberar del influjo demon铆aco y adem谩s con la autoridad espiritual que Jes煤s dio a Su Iglesia es una oraci贸n de la clase de los sacramentales, por lo tanto es un signo sagrado que significa signos especialmente espirituales y que se obtienen por el mandato de la Iglesia.
12. En los exorcismos mayores la Iglesia unida suplica al Esp铆ritu Santo que ayude nuestra debilidad para echar demonios y as铆 no da帽en a los fieles. Con aquel confiado soplo que el Hijo de Dios despu茅s de la resurrecci贸n dono el Esp铆ritu, la Iglesia hace el exorcismo, no en nombre propio, sino 煤nicamente en el nombre de Dios o Cristo Se帽or, a quien todo, tambi茅n el diablo y los demonios, debe obedecer.

DEL MINISTRO Y CONDICIONES PARA UN EXORCISMO MAYOR

13. El ministerio para exorcizar a los pose铆dos necesita de una licencia peculiar y expresa del Ordinario del lugar que, como regla, ser谩 el mismo Obispo diocesano. Esta licencia debe concederla solo a sacerdote piadoso, datado de sabidur铆a, prudencian y de vida integra y tambi茅n preparado muy especialmente para esto. Y el sacerdote al le hay sido encomendado el oficio de exorcista, de forma estable o para un caso determinado, ejerza este ministerio confiada y humildemente bajo la moderaci贸n del Obispo diocesano. Cuando en este libro se dice “exorcista”, debe entenderse “sacerdote exorcista”.
14. El exorcista, en el caso de alguna posesi贸n que se dice diab贸lica, ante todo debe proceder con la necesaria y m谩xima circunspecci贸n y prudencia. En primer lugar no crea f谩cilmente que cualquiera est茅 pose铆do por el demonio, especialmente aquel que est茅 tratado por el psic贸logo debido a alguna enfermedad. As铆 mismo en absoluto crea que hay una posesi贸n en el que primero afirm贸 que estaba tentado, desolado y vejado de manera especial por el demonio; pues uno puede enga帽arse as铆 mismo por la propia imaginaci贸n. Tenga tambi茅n presente que no se confunda por los enga帽os y mentiras que utiliza el demonio para enga帽ar al hombre, a fin de convencer al pose铆do para que no se sujete a exorcismos: pues su enfermedad es natural y depende de la ciencia m茅dica. Empiece de manera igual que si verdaderamente hubiera sido vejado por el demonio, tal como ha sido afirmado.
15. Dist铆ngase correctamente el caso de ataque del diablo de aquella credulidad por la cual algunos, incluso, que ellos eran objeto de maleficios, de una malas suertes o maldiciones, que han sido puestas por algunos sobre ellos o parientes o sobre sus bienes. A estos no se les ha de negar la ayuda espiritual, pero bajo ning煤n concepto se les haga un exorcismo; pues se les puede ofrecer otras oraciones acomodadas, de manera que con ellas y por ellas encuentren la paz de Dios. As铆 mismo hay que ofrecer ayuda espiritual a los creyentes a los que el Maligno no les toca, pero son tentados por 茅l para hacer el mal, cuando quieren guardar fidelidad al Se帽or Jes煤s y al Evangelio. Estas oraciones pueden ser oficiadas por sacerdotes que no sean exorcistas, y hasta por un di谩cono, siempre que usen preces y oraciones preparadas para estos casos.
16. El exorcista no debe proceder a celebrar un oficio de exorcismo sino comprueba, con certeza moral, que realmente se va a exorcizar un pose铆do del demonio y que este, si es posible, del consentimiento.
Se tiene por signos de posesi贸n del demonio, seg煤n una forma de hacer comprobada: hablar varias palabras de un lenguaje desconocido, o entender al que las habla; hacer patentes cosas distantes y ocultas; demostrar una fuerza superior a la edad o a su condici贸n natural. Estos signos pueden ofrecer un indicio de posesi贸n. Como estos signos no es forzoso atribuirlos al diablo, hay que fijarse en otras cosas, especialmente del orden moral y espiritual, que de otro modo manifiestan la intervenci贸n del diablo, como por ejemplo, el apartarse vehemente de Dios, Del Sant铆simo Nombre de Jes煤s, de la Bienaventurada Virgen Mar铆a, de los Santos, de la Iglesia, de la Palabra de Dios, de as cosas, de los ritos, especialmente sacramentales y de las im谩genes sagradas. Y finalmente alguna vez la relaci贸n de todos estos signos se ha de sopesar diligentemente en la vida espiritual cristiana con la fe y la lucha, ya que el Maligno en primer lugar es enemigo de Dios y de todas las cosas que unen a los fieles con la acci贸n salv铆fica de Dios.
17. El exorcista, consultados expertos en cosas espirituales y, en cuanto sea posible expertos en ciencias m茅dicas y psiqui谩tricas que tengan conocimiento de cosas espirituales, juzgar谩 prudentemente la necesidad de usar el rito del exorcismo, a trav茅s de una diligente investigaci贸n, guardando siempre el secreto de la confesi贸n.
18. En casos que afecten a un no cat贸lico y en otros muy dif铆ciles, debe exponerlo al Obispo diocesano, el que puede requerir el asesoramiento de algunos expertos, antes de tomar la decisi贸n sobre el exorcismo.
19. H谩gase el exorcismo de manera que se manifiesta la fe de la Iglesia y que nadie lo pueda considerar una acci贸n m谩gica o supersticiosa. Hay que cuidar que no sea un espect谩culo para los presentes. Mientras se hace el exorcismo, de ninguna manera se dar谩 paso a ning煤n medio de comunicaci贸n, y tambi茅n antes de hacer el exorcismo y una vez hecho, ni los exorcistas ni los dem谩s presentes divulgaran la noticia del exorcismo, guardando la debida discreci贸n.

DEL RITO QUE HAY QUE SEGUIR

20. En el rito de exorcismo, hay que prestar una atenci贸n especial, adem谩s de a las oraciones del exorcismo, a los gestos y a los ritos, que ante todo tienen lugar y sentido por que se usan en el camino de preparaci贸n de los catec煤menos en el tiempo de purificaci贸n. Son tales como la se帽al de la cruz, la imposici贸n de manos, soplar y la aspersi贸n con agua bendita.
21. El rito empieza con la aspersi贸n con agua bendita, puesto que vista como s铆mbolo de purificaci贸n en el bautismo, el vejado se siente defendido de las insidias del enemigo.
Se puede bendecir el agua junto con la mezcla de sal, antes del rito o en el mismo rito antes de la aspersi贸n, seg煤n sea oportuno.
22. Siguen unas letan铆as, con la que se pide para el vejado, con la intercesi贸n de todos los santos, la misericordia de Dios.
23. Despu茅s de la letan铆a, el exorcista puede recitar uno o varios salmos, que imploran la protecci贸n del Alt铆simo y alaban la victoria de Cristo sobre el Maligno. Los salmos se leen seguidos o de modo responsorial. Terminado el salmo, el exorcista puede a帽adir una oraci贸n sacada del salmo.
24. Despu茅s se proclama el evangelio, como signo de la presencia de Cristo, que por medio de su propia palabra en la proclamaci贸n de la Iglesia, pone remedio a las enfermedades de los hombres.
25. Despu茅s el exorcista impone las manos sobre el atormentado, para lo que se invoca la fuerza del Esp铆ritu Santo a fin de que el diablo salga de 茅l, que por el Bautismo fue hecho templo de Dios. Al mismo tiempo puede tambi茅n exhalar hacia la cara de atormentado.
26. Despu茅s se recita el Credo o se renueva la promesa de fe del Bautismo con la renuncia a Satan谩s. Sigue el Padre Nuestro, en el cual se le pide a Dios, como Padre nuestro, nos libre del Malo.
27. Acabado todo esto, el exorcista ense帽a al atormentado la cruz del Se帽or, que es fuente de bendiciones y gracias, y hace la se帽al de la cruz sobre 茅l, a trav茅s de lo que se indica el poder de Cristo sobre el diablo. 28. Despu茅s dice una oraci贸n de petici贸n, por la que ruega a Dios y una oraci贸n imperativa por la que, en nombre de Cristo, se le manda claramente al diablo que deje al atormentado. No se debe usar la oraci贸n imperativa si antes no ha sido precedida por una oraci贸n de s煤plica. Pero se puede la oraci贸n de petici贸n y no hacer la oraci贸n imperativa.
29. Todas las cosas dichas antes, cuando se necesiten, se pueden repetir, o en la misma celebraci贸n, teniendo en cuenta lo que se dice en el n煤mero 34, o en otro momento, hasta que el atormentado quede completamente liberado. 30. El rito concluye con un canto de acci贸n de gracias, una oraci贸n y la bendici贸n.

DE COSAS ADJUNTAS Y ACOMODACIONES

31.El Exorcista no puede arrojar al genero menor de los demonios sino por medio de la oraci贸n y el ayuno; estos dos importantes remedios para pedir la ayuda divina, visto el ejemplo de los Santos Padres, deben procurar aplicarlos en cuanto fuere posible, tanto por s铆 como por medio de otros.
32. El fiel atormentado debe, si es posible, especialmente antes del exorcismo, orar a Dios, hacer mortificaciones, renovar frecuentemente la fe recibida en el Bautismo, y acercarse al sacramento de la penitencia para protegerse (saepius) y tambi茅n fortificarse con la sagrada Eucarist铆a. Tambi茅n le pueden ayudar con la oraci贸n por caridad, los amigos, los parientes, el confesor o el director espiritual, si para estos es f谩cil, y la presencia de otros fieles.
33. Si es posible se har谩n los exorcismos en un oratorio o en otro lugar apropiado, separados de la gente (multitud), donde presida la imagen del crucificado. Hay que tener tambi茅n en ese lugar una imagen de la Bienaventurada Virgen Mar铆a.
34. Teniendo en cuenta las circunstancias del atormentado y de otras cosas, el exorcista use de las varias posibilidades que tenga para el rito. Guarde principalmente la estructura de la celebraci贸n, disponga el rito y las formas y seleccione las oraciones que necesita acomod谩ndose a la singularidad de las personas que est茅n presentes.
A) Ante todo tenga en cuenta el estado ps铆quico y psicol贸gico del atormentado y las variaciones posibles en el mismo estado seg煤n el d铆a y la hora.
B) Cuando no haya ning煤n grupo de fieles, ni siquiera peque帽o, que lo requiere desde la fe, la sabidur铆a y la prudencia, recuerde el exorcista que entre 茅l y el fiel atormentado ya son la Iglesia y recu茅rdelo esto al mismo fiel atormentado.
C) Procure, que durante el tiempo que dura el exorcismo, el fiel atormentado se ordene, si fuera posible, se convierta a Dios, y le reclame con toda la humildad la liberaci贸n. Y se mantenga paciente cuanto m谩s se sienta atormentado, no desconfiando del auxilio de Dios por medio del ministerio de la Iglesia.

35. Si se ve que hay que admitir para celebrar el exorcismo a algunos compa帽eros del atormentado, hay que ense帽arles a hacer oraciones con mucha fuerza por el hermano atormentado, o de forma privada o de la forma que se indica en el ritual, pero abst茅nganse de cualquier oraci贸n de exorcismo, sea de petici贸n o imperativa, las cuales solo han de ser usadas por el exorcista.

36. Conviene que cuando el fiel quede liberado de la posesi贸n, tanto s贸lo como con los familiares que le acompa帽an, hagan acciones de gracias a Dios por la paz recibida. Adem谩s se le gu铆e para que persevere en la oraci贸n, sac谩ndola principalmente de las Sagradas Escrituras, y que frecuente el sacramento de la penitencia y de la eucarist铆a y tambi茅n lleve una vida cristiana con obras de caridad y llena de amor fraterno con todos.

DE LAS ADAPTACIONES QUE COMPETEN A LAS CONFERENCIAS EPISCOPALES

37. Pertenece a las conferencias de los obispos:
A) Preparar el texto de las versiones, habiendo observado fidelidad e integridad al texto original.
B) Adaptar los signos y los gestos de los ritos si esto se ve necesario o 煤til, de acuerdo con la cultura y forma de ser de cada pueblo y con la aprobaci贸n de la Santa Sede.
38. Adem谩s de la versi贸n de los Prenotandos, que debe ser 铆ntegra, si la Conferencia Episcopal lo cree oportuno puede a帽adir un Directorio pastoral para el uso de los exorcismos mayores, por el que los exorcistas no s贸lo entiendan m谩s profundamente la doctrina de los Prenotandos y comprendan mejor la significaci贸n plena de los ritos, sino que adem谩s re煤nan los documentos del modo de proceder, de hablar, de interrogar, de juzgar seg煤n autores experimentados. Estos Directorios que se pueden componer con la colaboraci贸n de los sacerdotes que tengan ciencia y madura experiencia por el largo ejercicio del ministerio de exorcista en cada regi贸n y cultura, se enviar谩n a ser revisados por la Sede Apost贸lica seg煤n las normas del derecho.



Un exorcista a los universitarios: el demonio existe

MADRID, 10 mayo 2001 (ZENIT.org).- En un abarrotado sal贸n de conferencias, el sacerdote Jos茅 Antonio Fortea explic贸 el mi茅rcoles a los alumnos del Centro Universitario Francisco de Vitoria, en Pozuelo de Alarc贸n (Madrid), su funci贸n como demon贸logo (experto en demonios).


Fortea comenz贸 demostrando la existencia de los seres ang茅licos y de los diab贸licos. «No se puede decir que no se cree en los esp铆ritus porque no se ven. Es una contradicci贸n: por su esencia, los esp铆ritus no se pueden ver», apostill贸.

Record贸 que el exorcismo es un ministerio instituido por la Iglesia cat贸lica, aunque lament贸 que tras el Concilio Vaticano II se hubiese abandonado en cierto modo su pr谩ctica. «En los 煤ltimos tiempos est谩 retom谩ndose, porque hay una demanda por parte de numerosos fieles», aclar贸.

Fortea, experto tambi茅n en psiquiatr铆a, explic贸 que las posesiones diab贸licas no son simples enfermedades mentales. Seg煤n el sacerdote, hay perturbaciones que ning煤n psiquiatra puede remediar, y que el exorcista «cura» pronunciando una oraci贸n sobre el afectado.
Para evitar la posesi贸n diab贸lica, el sacerdote recomend贸 la vida de gracia, la confesi贸n, la oraci贸n y la misa. 
(10 de mayo de 2001) © Innovative Media Inc.

La Santa Sede alienta las oraciones de curaci贸n, pero pide evitar abusos

CIUDAD DEL VATICANO, 23 nov (ZENIT.org).- La Santa Sede, reconociendo la importancia de las oraciones de curaci贸n, ha publicado hoy un dec谩logo de normas que pretende evitar sus posibles abusos.


La «Instrucci贸n sobre las oraciones para obtener de Dios la curaci贸n» de la Congregaci贸n para la Doctrina de la Fe, firmada por el cardenal Joseph Ratzinger, prefecto de esta instituci贸n vaticana, y aprobada por Juan Pablo II, reconoce que las pr谩cticas cristianas con el objetivo de obtener «curaciones prodigiosas» «son l铆citas y con frecuencia oportunas», a condici贸n de que se respete «la normativa lit煤rgica» y no «se tergiverse su aut茅ntico sentido».

La oraci贸n que implora la recuperaci贸n de la salud es «una experiencia presente en toda 茅poca de la Iglesia, y naturalmente lo es en el momento actual», constata la Instrucci贸n vaticana. «Lo que constituye un fen贸meno en cierto modo nuevo es la multiplicaci贸n de encuentros de oraci贸n, unidos a veces a celebraciones lit煤rgicas, cuya finalidad es obtener de Dios la curaci贸n, o mejor, las curaciones».

Se trata de encuentros que se ha multiplicado, en buena parte, gracias a la fe y al dinamismo de grupos de oraci贸n o comunidades surgidos en el seno de la Renovaci贸n Carism谩tica cat贸lica, un movimiento que agrupa ya a unos sesenta millones de fieles en todo el mundo.

Ahora, enmarcando el fen贸meno en la liturgia de la Iglesia, la Congregaci贸n para la Doctrina de la Fe publica este documento que est谩 destinado sobre todo a los obispos para que «puedan guiar mejor a los fieles en esta materia, favoreciendo cuanto hay de bueno y corrigiendo lo que se debe evitar».

Aspectos doctrinales
Para explicar mejor las disposiciones, la Instrucci贸n est谩 precedida por una «Nota» doctrinal «sobre la gracia de la curaci贸n y las oraciones para obtenerla».

De este modo, evoca numerosos pasajes b铆blicos del Antiguo y del Nuevo Testamento, recordando en particular que «las curaciones milagrosas» caracterizan toda la actividad p煤blica de Jes煤s, son «signo de su misi贸n mesi谩nica», «manifiestan la victoria del Reino de Dios sobre todo tipo de mal y se convierten en s铆mbolo de la curaci贸n del hombre entero, cuerpo y alma».

Los primeros cristianos, como muestra el Nuevo Testamento, tambi茅n evangelizaron realizando «que corroboraban la potencia del anuncio evang茅lico».

El texto vaticano es claro: «El Se帽or acoge estas s煤plicas y los Evangelios no contienen la m铆nima cr铆tica a tales peticiones --explica--. El 煤nico lamento del Se帽or tiene qu茅 ver con la eventual falta de fe: "¡Qu茅 es eso de si puedes! ¡Todo es posible para quien cree!"».

Es m谩s, por este motivo, «el "carisma de curaci贸n" no puede ser atribuido a una determinada clase de fieles». Por tanto, «ser铆a arbitrario atribuir un "carisma de curaci贸n" a una cierta categor铆a de participantes, por ejemplo, los dirigentes del grupo; no queda otra opci贸n que la de confiar en la lib茅rrima voluntad del Esp铆ritu Santo, el cual dona a algunos un carisma especial de curaci贸n para manifestar la fuerza de la gracia del Resucitado».

Por 煤ltimo, recuerda que «ni siquiera las oraciones m谩s intensas obtienen la curaci贸n de todas las enfermedades». San Pablo mismo dir谩 «completo en mi carne lo que falta a las tribulaciones de Cristo, en favor de su Cuerpo, que es la Iglesia».

Dec谩logo
Aclaradas estas cuestiones de principio, el documento vaticano expone a continuaci贸n diez normas para evitar desviaciones en esta pr谩ctica.

Ante todo, explica que estas oraciones cuando «se realizan en la Iglesia o en otro lugar sagrado, es conveniente que sean guiadas por un sacerdote o un di谩cono».

El texto distingue entre oraciones de curaci贸n lit煤rgicas de las que no lo son.

Por lo que se refiere a las primeras, pide que «sean celebradas de acuerdo con el rito prescrito y con las vestiduras sagradas indicadas».

Quienes preparan estos encuentros lit煤rgicos, a帽ade, deben atenerse a las normas emanadas por el obispo sobre esta materia.

El permiso para organizar actos lit煤rgicos de oraci贸n «debe ser expl铆cito, incluso cuando las celebraciones son organizadas o cuentan con la participaci贸n de obispos o cardenales de la santa Iglesia romana. El obispo diocesano tiene derecho a prohibir tales acciones a otro obispo, siempre que subsista una causa justa y proporcionada».

Por lo que se refiere a las as oraciones de curaci贸n no lit煤rgicas (encuentros de oraci贸n o lectura de la Palabra de Dios), la Santa Sede pide evitar «cualquier tipo de confusi贸n entre estas oraciones libres no lit煤rgicas y las celebraciones lit煤rgicas propiamente dichas».

A continuaci贸n, solicita que en estos encuentros «no se llegue, sobre todo por parte de quienes los gu铆an, a formas semejantes al histerismo, a la artificiosidad, a la teatralidad o al sensacionalismo».

En este sentido, aclara, «el uso de los instrumentos de comunicaci贸n social, en particular la televisi贸n, mientras se desarrollan las oraciones de curaci贸n, lit煤rgicas o no lit煤rgicas, queda sometido a la vigilancia del obispo diocesano».

Asimismo establece que «en la celebraci贸n de la Sant铆sima Eucarist铆a, de los Sacramentos y de la Liturgia de las Horas no se deben introducir oraciones de curaci贸n, lit煤rgicas o no lit煤rgicas».

El documento hace referencia tambi茅n a la pr谩ctica del exorcismo, cuyo ministerio, se帽ala, «debe ser ejercitado en estrecha dependencia del obispo diocesano» y seg煤n las normativas de la Iglesia.

El documento invita a superar todo sensacionalismo y pide a los fieles que mantengan «un clima de serena devoci贸n en la asamblea y usar la prudencia necesaria si se produce alguna curaci贸n entre los presentes». Cuando se d茅 alg煤n caso de este tipo, recomienda, «concluida la celebraci贸n, podr谩n recoger con simplicidad y precisi贸n los eventuales testimonios y someter el hecho a la autoridad eclesi谩stica competente».

Por 煤ltimo la Congregaci贸n para la Doctrina de la Fe indica que «La intervenci贸n del Obispo diocesano es necesaria cuando se verifiquen abusos en las celebraciones de curaci贸n, lit煤rgicas o no lit煤rgicas, en caso de evidente esc谩ndalo para comunidad de fieles y cuando se produzcan graves desobediencias a las normas lit煤rgicas e disciplinares».

Puede leer el documento en «Instrucci贸n vaticana sobre las oraciones de curaci贸n»

Instrucci贸n vaticana sobre las oraciones de curaci贸n



CIUDAD DEL VATICANO, 23 nov (ZENIT.org).- ¿Est谩n permitidas las oraciones de curaci贸n? ¿Cu谩ndo se pueden realizar? ¿Qui茅n las puede dirigir? ¿Existen realmente los milagros? A estas y otras preguntas responde la «Instrucci贸n sobre las oraciones para obtener de Dios la curaci贸n» publicada hoy por la Congregaci贸n para la Doctrina de la Fe con la aprobaci贸n de Juan Pablo II.


Ofrecemos a continuaci贸n el texto 铆ntegro.


* * *

CONGREGACI脫N PARA LA DOCTRINA DE LA FE

INSTRUCCI脫N SOBRE LAS ORACIONES PARA OBTENER DE DIOS LA CURACI脫N


INTRODUCCI脫N


El anhelo de felicidad, profundamente radicado en el coraz贸n humano, ha sido acompa帽ado desde siempre por el deseo de obtener la liberaci贸n de la enfermedad y de entender su sentido cuando se experimenta. Se trata de un fen贸meno humano que, interesando de una manera u otra a toda persona, encuentra en la Iglesia una resonancia particular. En efecto, la enfermedad se entiende como medio de uni贸n con Cristo y de purificaci贸n espiritual y, por parte de aquellos que se encuentran ante la persona enferma, como una ocasi贸n para el ejercicio de la caridad. Pero no s贸lo eso, puesto que la enfermedad, como los dem谩s sufrimientos humanos, constituye un momento privilegiado para la oraci贸n: sea para pedir la gracia de acoger la enfermedad con fe y aceptaci贸n de la voluntad divina, sea para suplicar la curaci贸n.

La oraci贸n que implora la recuperaci贸n de la salud es, por lo tanto, una experiencia presente en toda 茅poca de la Iglesia, y naturalmente lo es en el momento actual. Lo que constituye un fen贸meno en cierto modo nuevo es la multiplicaci贸n de encuentros de oraci贸n, unidos a veces a celebraciones lit煤rgicas, cuya finalidad es obtener de Dios la curaci贸n, o mejor, las curaciones. En algunos casos, no del todo espor谩dicos, se proclaman curaciones realizadas, suscit谩ndose as铆 esperanzas de que el mismo fen贸meno se repetir谩 en otros encuentros semejantes. En este contexto a veces se apela a un pretendido carisma de curaci贸n.

Semejantes encuentros de oraci贸n para obtener curaciones plantean adem谩s la cuesti贸n de su justo discernimiento desde el punto de vista lit煤rgico, con particular atenci贸n a la autoridad eclesi谩stica, a la cual compete vigilar y dar normas oportunas para el recto desarrollo de las celebraciones lit煤rgicas.

Ha parecido, por tanto, oportuno publicar una Instrucci贸n que, a norma del can. 34 del C贸digo de Derecho Can贸nico, sirva sobre todo para ayudar a los Ordinarios del lugar, de manera que puedan guiar mejor a los fieles en esta materia, favoreciendo cuanto hay de bueno y corrigiendo lo que se debe evitar. Era preciso, sin embargo, que las disposiciones disciplinares tuvieran con punto de referencia un marco doctrinal bien fundado, que garantizara su justa orientaci贸n y aclarara su raz贸n normativa. Con este fin, la Congregaci贸n par la Doctrina de la Fe, simult谩neamente a la susodicha Instrucci贸n, publica una Nota doctrinal sobre la gracia de la curaci贸n y las oraciones para obtenerla.

I. ASPECTOS DOCTRINALES



Enfermedad y curaci贸n: su sentido y valor en la econom铆a de la salvaci贸n

"El hombre est谩 llamado a la alegr铆a, pero experimenta diariamente tant铆simas formas de sufrimiento y de dolor".(1) Por eso el Se帽or, al prometer la redenci贸n, anuncia el gozo del coraz贸n unido a la liberaci贸n del sufrimiento (cf. Is 30,29; 35,10; Ba 4,29). En efecto, 脡l es "aquel que libra de todo mal" (Sab 16, 8). Entre los sufrimientos, aquellos que acompa帽an la enfermedad son una realidad continuamente presente en la historia humana, y son tambi茅n parte del profundo deseo del hombre de ser liberado de todo mal. Pero la enfermedad se manifiesta con un car谩cter ambivalente, ya que por una parte se presenta como un mal cuya aparici贸n en la historia est谩 vinculada al pecado y del cual se anhela la salvaci贸n, y por otra parte puede llegar a ser medio de victoria contra el pecado.

En el Antiguo Testamento, "Israel experimenta que la enfermedad, de una manera misteriosa, se vincula al pecado y al mal". (2) Entre los castigos con los cuales Dios amenazaba al pueblo por su infidelidad, encuentran un amplio espacio las enfermedades (cf. Dt 28, 21-22.27-29.35). El enfermo que implora de Dios la curaci贸n confiesa que ha sido justamente castigado por sus pecados (cf. Sal 37[38]; 40[41]; 106[107], 17-21).

Pero la enfermedad hiere tambi茅n a los justos, y el hombre se pregunta el porqu茅. En el libro de Job este interrogante atraviesa muchas de sus p谩ginas. "Si es verdad que el sufrimiento tiene un sentido como castigo cuando est谩 unido a la culpa, no es verdad, por el contrario, que todo sufrimiento sea consecuencia de la culpa y tenga car谩cter de castigo. La figura del justo Job es una prueba elocuente en el Antiguo Testamento… Si el Se帽or consiente en probar a Job con el sufrimiento, lo hace para demostrar su justicia. El sufrimiento tiene car谩cter de prueba".(3)

La enfermedad, a煤n teniendo aspectos positivos en cuanto demostraci贸n de la fidelidad del justo y medio para compensar la justicia violada por el pecado, y tambi茅n como ocasi贸n para que el pecador se arrepienta y recorra el camino de la conversi贸n, sigue siendo un mal. Por eso el profeta anuncia un tiempo futuro en el cual no habr谩 desgracias ni invalidez, ni el curso de la vida ser谩 jam谩s truncado por la enfermedad mortal (cf. Is 35, 5-6; 65, 19-20).

Sin embargo, es en el Nuevo Testamento donde encontramos una respuesta plena a la pregunta de por qu茅 la enfermedad hiere tambi茅n al justo. En su actividad p煤blica, la relaci贸n de Jes煤s con los enfermos no es espor谩dica, sino constante. 脡l cura a muchos de manera admirable, hasta el punto de que las curaciones milagrosas caracterizan su actividad: "Jes煤s recorr铆a todas las ciudades y aldeas; ense帽ando en sus sinagogas, proclamando la Buena Nueva del Reino y sanado toda enfermedad y toda dolencia" (Mt 9, 35; cf. 4, 23). Las curaciones son signo de su misi贸n mesi谩nica (cf. Lc 7, 20-23). Ellas manifiestan la victoria del Reino de Dios sobre todo tipo de mal y se convierten en s铆mbolo de la curaci贸n del hombre entero, cuerpo y alma. En efecto, sirven para demostrar que Jes煤s tiene el poder de perdonar los pecados (cf. Mc 2, 1-12), y son signo de los bienes salv铆ficos, como la curaci贸n del paral铆tico de Bethesda (cf. Jn 5, 2-9.19.21) y del ciego de nacimiento (cf. Jn 9).

Tambi茅n la primera evangelizaci贸n, seg煤n las indicaciones del Nuevo testamento, fue acompa帽ada de numerosas curaciones prodigiosas que corroboraban la potencia del anuncio evang茅lico. 脡sta hab铆a sido la promesa hecha por Jes煤s resucitado, y las primeras comunidades cristianas ve铆an su cumplimiento en medio de ellas: "Estas son las se帽ales que acompa帽ar谩n a los que crean: (…) impondr谩n las manos sobre los enfermos y se pondr谩n bien" (Mc 16, 17-18). La predicaci贸n de Felipe en Samar铆a fue acompa帽ada por curaciones milagrosas: "Felipe baj贸 a una ciudad de Samar铆a y les predicaba a Cristo. La gente escuchaba con atenci贸n y con un mismo esp铆ritu lo que dec铆a Felipe, porque le o铆an y ve铆an las se帽ales que realizaba; pues de muchos posesos sal铆an los esp铆ritus inmundos dando grandes voces, y muchos paral铆ticos y cojos quedaron curados" (Hch 8, 5-7). San Pablo presenta su anuncio del Evangelio como caracterizado por signos y prodigios realizados con la potencia del Esp铆ritu: "Pues no me atrever茅 a hablar de cosa alguna que Cristo no haya realizado por medio de m铆 para conseguir la obediencia de los gentiles, de palabra y de obra, en virtud de se帽ales y prodigios, en virtud del Esp铆ritu de Dios" (Rm 15, 18-19; cf. 1 Ts 1, 5; 1 Co 2, 4-5). No es en absoluto arbitrario suponer que tales signos y prodigios, manifestaciones de la potencia divina que asist铆a la predicaci贸n, estaban constituidos en gran parte por curaciones portentosas. Eran prodigios que no estaban ligados exclusivamente a la persona del Ap贸stol, sino que se manifestaban tambi茅n por medio de los fieles: "El que os otorga, pues, el Esp铆ritu y obra milagros entre vosotros, ¿lo hace porque observ谩is la ley o porque ten茅is fe en la predicaci贸n" (Ga 3, 5).

La victoria mesi谩nica sobre la enfermedad, as铆 como sobre otros sufrimientos humanos, no se da solamente a trav茅s de su eliminaci贸n por medio de curaciones portentosas, sino tambi茅n por medio del sufrimiento voluntario e inocente de Cristo en su pasi贸n y dando a cada hombre la posibilidad de asociarse a ella. En efecto, "el mismo Cristo, que no cometi贸 ning煤n pecado, sufri贸 en su pasi贸n penas y tormentos de todo tipo, e hizo suyos los dolores de todos los hombres: cumpliendo as铆 lo que de 脡l hab铆a escrito el profeta Isa铆as (cf. Is 53, 4-5)".(4) Pero hay m谩s: "En la cruz de Cristo no s贸lo se ha cumplido la redenci贸n mediante el sufrimiento, sino que el mismo sufrimiento humano ha quedado redimido. (…) Llevando a efecto la redenci贸n mediante el sufrimiento, Cristo ha elevado juntamente el sufrimiento humano a nivel de redenci贸n. Consiguientemente, todo hombre, en su sufrimiento, puede hacerse tambi茅n part铆cipe del sufrimiento redentor de Cristo". (5)

La Iglesia acoge a los enfermos no solamente como objeto de su cuidado amoroso, sino tambi茅n porque reconoce en ellos la llamada "a vivir su vocaci贸n humana y cristiana y a participar en el crecimiento del Reino de Dios con nuevas modalidades, incluso m谩s valiosas. Las palabras del ap贸stol Pablo han de convertirse en su programa de vida y, antes todav铆a, son luz que hace resplandecer a sus ojos el significado de gracia de su misma situaci贸n: "Completo en mi carne lo que falta a las tribulaciones de Cristo, en favor de su Cuerpo, que es la Iglesia" (Col 1, 24). (6) Precisamente haciendo este descubrimiento, el ap贸stol alcanz贸 la alegr铆a: "Ahora me alegro por los padecimientos que soporto por vosotros" (Col 1, 24)". Se trata del gozo pascual, fruto del Esp铆ritu Santo. Y, como San Pablo, tambi茅n "muchos enfermos pueden convertirse en portadores del "gozo del Esp铆ritu Santo en medio de muchas tribulaciones" (1 Ts 1, 6) y ser testigos de la Resurrecci贸n de Jes煤s".(7)


2. El deseo de curaci贸n y la oraci贸n para obtenerla.

Supuesta la aceptaci贸n de la voluntad de Dios, el deseo del enfermo de obtener la curaci贸n es bueno y profundamente humano, especialmente cuando se traduce en la oraci贸n llena de confianza dirigida a Dios. A 茅sta exhorta el Sir谩cida: "Hijo, en tu enfermedad no te deprimas, sino ruega al Se帽or, que 茅l te curar谩" (Si 38, 9). Varios salmos constituyen una s煤plica por la curaci贸n (cf. Sal 6, 37[38]; 40[41]; 87[88]).

Durante la actividad p煤blica de Jes煤s, muchos enfermos se dirigen a 脡l, ya sea directamente o por medio de sus amigos o parientes, implorando la restituci贸n de la salud. El Se帽or acoge estas s煤plicas y los Evangelios no contienen la m铆nima cr铆tica a tales peticiones. El 煤nico lamento del Se帽or tiene qu茅 ver con la eventual falta de fe: "¡Qu茅 es eso de si puedes! ¡Todo es posible para quien cree!" (Mc 9, 23; cf. Mc 6, 5-6; Jn 4, 48).

No solamente es loable la oraci贸n de los fieles individuales que piden la propia curaci贸n o la de otro, sino que la Iglesia en la liturgia pide al Se帽or la curaci贸n de los enfermos. Ante todo, dispone de un sacramento "especialmente destinado a reconfortar a los atribulados por la enfermedad: la Unci贸n de los enfermos".(8) "En 茅l, por medio de la unci贸n, acompa帽ada por la oraci贸n de los sacerdotes, la Iglesia encomienda los enfermos al Se帽or sufriente y glorificado, para que les d茅 el alivio y la salvaci贸n". (9) Inmediatamente antes, en la Bendici贸n del 贸leo, la Iglesia pide: "infunde tu santa bendici贸n, para que cuantos reciban la unci贸n con este 贸leo sean confortados en el cuerpo, en el alma y en el esp铆ritu, y sean liberados de todo dolor, de toda debilidad y de toda dolencia"; (10) y m谩s tarde, en los dos primeros formularios de oraci贸n despu茅s de la unci贸n, se pide la curaci贸n del enfermo.(11) 脡sta, puesto que el sacramento es prenda y promesa del reino futuro, es tambi茅n anuncio de la resurrecci贸n, cuando "no habr谩 ya muerte ni habr谩 llanto, ni gritos ni fatigas, porque el mundo viejo ha pasado" (Ap 21, 4). Adem谩s, el Missale Romanum contiene una Misa pro infirmis y en ella, junto a las gracias espirituales, se pide la salud de los enfermos.(12)

En el De benedictionibus del Rituale Romanum, existe un Ordo benedictionis infirmorum, en el cual hay varios textos eucol贸gicos que imploran la curaci贸n: en el segundo formulario de las Preces (13), en las cuatro Orationes benedictionis pro adultis, (14) en las dos Orationes benedictionis pro pueris, (15) en la oraci贸n del Ritus brevior (16).

Obviamente, el recurso a la oraci贸n no excluye, sino que al contrario anima a usar los medios naturales para conservar y recuperar la salud, as铆 como tambi茅n incita a los hijos de la Iglesia a cuidar a los enfermos y a llevarles alivio en el cuerpo y en el esp铆ritu, tratando de vencer la enfermedad. En efecto, "es parte del plan de Dios y de su providencia que el hombre luche con todas sus fuerzas contra la enfermedad en todas sus manifestaciones, y que se emplee, por todos los medios a su alcance, para conservarse sano". (17)


3. El carisma de la curaci贸n en el Nuevo Testamento.

No solamente las curaciones prodigiosas confirmaban la potencia del anuncio evang茅lico en los tiempos apost贸licos, sino que el mismo Nuevo Testamento hace referencia a una verdadera y propia concesi贸n hecha por Jes煤s a los Ap贸stoles y a otros primeros evangelizadores de un poder para curar las enfermedades. As铆, en el env铆o de los Doce a su primera misi贸n, seg煤n las narraciones de Mateo y Lucas, el Se帽or les concede "poder sobre los esp铆ritus inmundos para expulsarlos, y para curar toda enfermedad y toda dolencia" (Mt 10, 1; cf. Lc 9, 1), y les da la orden: "curad enfermos, resucitad muertos, purificad leprosos, expulsad demonios" (Mt 10, 8). Tambi茅n en la misi贸n de los Setenta y dos disc铆pulos, la orden del Se帽or es: "curad a los enfermos que encontr茅is" (Lc 10, 9). El poder, por lo tanto, viene conferido dentro de un contexto misionero, no para exaltar sus personas, sino para confirmar la misi贸n.

Los Hechos de los Ap贸stoles hacen referencia en general a prodigios realizados por ellos: "los Ap贸stoles realizaban muchos prodigios y se帽ales" (Hch 2, 43; cf. 5, 12). Eran prodigios y se帽ales, o sea, obras portentosas que manifestaban la verdad y la fuerza de su misi贸n. Pero, aparte de estas breves indicaciones gen茅ricas, los Hechos hacen referencia sobre todo a curaciones milagrosas realizadas por obra de evangelizadores individuales: Esteban (cf. Hch 6, 8), Felipe (cf. Hch 8, 6-7), y sobre todo Pedro (cf. Hch 3, 1-10; 5, 15; 9, 33-34.40-41) y Pablo (cf. Hch 14, 3.8-10; 15, 12; 19, 11-12; 20, 9-10; 28, 8-9).

Tanto el final del Evangelio de Marcos como la carta a los G谩latas, como se ha visto m谩s arriba, ampl铆an la perspectiva y no limitan las curaciones milagrosas a la actividad de los Ap贸stoles o de a algunos evangelizadores con un papel de relieve en la primera misi贸n. Bajo este aspecto, adquieren especial importancia las referencias a los "carismas de curaci贸n" (cf. 1 Co 12, 9.28.30). El significado de carisma es, en s铆 mismo, muy amplio: significa "don generoso"; y en este caso se trata de "dones de curaci贸n ya obtenidos". Estas gracias, en plural, son atribuidas a un individuo (cf. Co 12,9); por lo tanto, no se pueden entender en sentido distributivo, como si fueran curaciones que cada uno de los beneficiados obtiene para s铆 mismo, sino como un don concedido a una persona para que obtenga las gracias de curaci贸n en favor de los dem谩s. Ese don se concede in uno Spiritu, pero no se especifica c贸mo aquella persona obtiene las curaciones. No es arbitrario sobreentender que lo hace por medio de la oraci贸n, tal vez acompa帽ada de alg煤n gesto simb贸lico.

En la Carta de Santiago se hace referencia a una intervenci贸n de la Iglesia, por medio de los presb铆teros, en favor de la salvaci贸n de los enfermos, entendida tambi茅n en sentido f铆sico. Sin embargo, no se da a entender que se trate de curaciones prodigiosas; nos encontramos en un 谩mbito diferente al de los "carismas de curaci贸n" de 1 Co 12, 9. "¿Est谩 enfermo alguno entre vosotros? Llame a los presb铆teros de la Iglesia, que oren sobre 茅l y le unjan con 贸leo en el nombre del Se帽or. Y la oraci贸n de la fe salvar谩 al enfermo y el Se帽or lo levantar谩, y si hubiera cometido pecados, le ser谩n perdonados" (St 5, 14-15). Se trata de una acci贸n sacramental: unci贸n del enfermo con aceite y oraci贸n sobre 茅l, no simplemente "por 茅l", como si no fuera m谩s que una oraci贸n de intercesi贸n o de petici贸n; se trata m谩s bien de una acci贸n eficaz sobre el enfermo.(18) Los verbos "salvar谩" y "levantar谩" no sugieren una acci贸n dirigida exclusivamente, o sobre todo, a la curaci贸n f铆sica, pero en un cierto modo la incluyen. El primero verbo, aunque en las otras ocasiones en aparece en la Carta se refiere a la salvaci贸n espiritual (cf. 1, 21; 2, 14; 4, 12; 5, 20), en el Nuevo Testamento se usa tambi茅n en el sentido de curar (cf. Mt 9, 21; Mc 5, 28.34; 6, 56; 10, 52; Lc 8, 48); el segundo verbo, aunque asume a veces el sentido de "resucitar" (cf. Mt 10, 8; 11, 5; 14, 2), tambi茅n se usa para indicar el gesto de "levantar" a la persona postrada a causa de una enfermedad, cur谩ndola milagrosamente (cf. Mt 9, 5; Mc 1, 31; 9, 27; Hch 3, 7).


4. Las oraciones lit煤rgicas para obtener de Dios la curaci贸n en la Tradici贸n.

Los Padres de la Iglesia consideraban algo normal que los creyentes pidieran a Dios no solamente la salud del alma, sino tambi茅n la del cuerpo. A prop贸sito de los bienes de la vida, de la salud y de la integridad f铆sica, San Agust铆n escrib铆a: "Es necesario rezar para que nos sean conservados, cuando se tienen, y que nos sean concedidos, cuando no se tienen". (19) El mismo Padre de la Iglesia nos ha dejado un testimonio acerca de la curaci贸n de un amigo, obtenida en su casa por medio de las oraciones de un Obispo, de un sacerdote y de algunos di谩conos.(20)

La misma orientaci贸n se observa en los ritos lit煤rgicos tanto occidentales como orientales. En una oraci贸n despu茅s de la comuni贸n se pide que "el poder de este sacramento… nos colme en el cuerpo y en el alma" (21). En la solemne acci贸n lit煤rgica del Viernes Santo se invita a orar a Dios Padre omnipotente para que "aleje las enfermedades… conceda la salud a los enfermos" (22). Entre los textos m谩s significativos se se帽ala el de la bendici贸n del 贸leo para los enfermos. Aqu铆 se pide a Dios que infunda su santa bendici贸n "para que cuantos reciban la unci贸n con este 贸leo obtengan la salud del cuerpo, del alma y del esp铆ritu, y sean liberados de toda dolencia, debilidad y sufrimiento"(23).

No son diferentes las expresiones que se leen en los ritos orientales de la unci贸n de los enfermos. Recordamos solamente algunas entre las m谩s significativas. En el rito bizantino, durante la unci贸n del enfermo, se dice: "Padre Santo, m茅dico de las almas y de los cuerpos, que has mandado a tu Unig茅nito Hijo Jesucristo a curar toda enfermedad y a librarnos de la muerte, cura tambi茅n a este siervo tuyo de la enfermedad de cuerpo y del esp铆ritu que ahora lo aflige, por la gracia de tu Cristo"(24). En el rito copto se invoca al Se帽or para que bendiga el 贸leo a fin de que todos aquellos que reciban la unci贸n puedan obtener la salud del esp铆ritu y del cuerpo. M谩s adelante, durante la unci贸n del enfermo, los sacerdotes, despu茅s de haber hecho menci贸n a Jesucristo, que fue enviado al mundo "para curar todas las enfermedades a librar de la muerte", piden a Dios que "cure al enfermo de la dolencia del cuerpo y que le conceda caminar por la v铆a de la rectitud" (25).


5. Implicaciones doctrinales del "carisma de curaci贸n" en el contexto actual

Durante los siglos de la historia de la Iglesia no han faltado santos taumaturgos que han operado curaciones milagrosas. El fen贸meno, por lo tanto, no se limita a los tiempos apost贸licos; sin embargo, el llamado "carisma de curaci贸n" acerca del cual es oportuno ofrecer ahora algunas aclaraciones doctrinales, no se cuenta entre esos fen贸menos taumat煤rgicos. La cuesti贸n se refiere m谩s bien a los encuentros de oraci贸n organizados expresamente para obtener curaciones prodigiosas entre los enfermos participantes, o tambi茅n a las oraciones de curaci贸n que se tienen al final de la comuni贸n eucar铆stica con el mismo prop贸sito.

Las curaciones ligadas a lugares de oraci贸n (santuarios, recintos donde se custodian reliquias de m谩rtires o de otros santos, etc.) han sido testimoniadas abundantemente a trav茅s de la historia de la Iglesia. Ellas contribuyeron a popularizar, en la antig眉edad y en el medioevo, las peregrinaciones a algunos santuarios que, tambi茅n por esta raz贸n, se hicieron famosos, como el de San Mart铆n de Tours o la catedral de Santiago de Compostela, y tantos otros. Tambi茅n actualmente sucede lo mismo, como por ejemplo en Lourdes, desde hace m谩s de un siglo. Tales curaciones no implican un "carisma de curaci贸n", ya que no pueden atribuirse a un eventual sujeto de tal carisma, sin embargo, es necesario tener cuenta de las mismas cuando se trate de evaluar doctrinalmente los ya mencionados encuentros de oraci贸n.

Por lo que se refiere a los encuentros de oraci贸n con el objetivo preciso de obtener curaciones —objetivo que, aunque no sea prevalente, al menos ciertamente influye en la programaci贸n de los encuentros—, es oportuno distinguir entre aquellos que pueden hacer pensar en un "carisma de curaci贸n", sea verdadero o aparente, o los otros que no tienen ninguna conexi贸n con tal carisma. Para que puedan considerarse referidos a un eventual carisma, es necesario que aparezca determinante para la eficacia de la oraci贸n la intervenci贸n de una o m谩s personas individuales o pertenecientes a una categor铆a cualificada, como, por ejemplo, los dirigentes del grupo que promueve el encuentro. Si no hay conexi贸n con el "carisma de curaci贸n", obviamente, las celebraciones previstas en los libros lit煤rgicos, realizadas en el respeto de las normas lit煤rgicas, son l铆citas, y con frecuencia oportunas, como en el caso de la Misa pro infirmis. Si no respetan las normas lit煤rgicas, carecen de legitimidad.

En los santuarios tambi茅n son frecuentes otras celebraciones que por s铆 mismas no est谩n orientadas espec铆ficamente a pedirle a Dios gracias de curaciones, y sin embargo, en la intenci贸n de los organizadores y de los participantes, tienen como parte importante de su finalidad la obtenci贸n de la curaci贸n; se realizan por esta raz贸n celebraciones lit煤rgicas, como por ejemplo, la exposici贸n de Sant铆simo Sacramento con la bendici贸n, o no lit煤rgicas, sino de piedad popular, animada por la Iglesia, como la recitaci贸n solemne del Rosario. Tambi茅n estas celebraciones son leg铆timas, siempre que no se altere su aut茅ntico sentido. Por ejemplo, no se puede poner en primer plano el deseo de obtener la curaci贸n de los enfermos, haciendo perder a la exposici贸n de la Sant铆sima Eucarist铆a su propia finalidad; 茅sta, en efecto, "lleva a los fieles a reconocer en ella la presencia admirable de Cristo y los invita a la uni贸n de esp铆ritu con 脡l, uni贸n que encuentra su culmen en la Comuni贸n sacramental".(26)

El "carisma de curaci贸n" no puede ser atribuido a una determinada clase de fieles. En efecto, queda bien claro que San Pablo, cuando se refiere a los diferentes carismas en 1 Co 12, no atribuye el don de los "carismas de curaci贸n" a un grupo particular, ya sea el de los ap贸stoles, el de los profetas, el de los maestros, el de los que gobiernan o el de alg煤n otro; es otra, al contrario, la l贸gica la que gu铆a su distribuci贸n: "Pero todas estas cosas las obra un mismo y 煤nico Esp铆ritu, distribuy茅ndolas a cada uno en particular seg煤n su voluntad" (1 Co 12, 11). En consecuencia, en los encuentros de oraci贸n organizados para pedir curaciones, ser铆a arbitrario atribuir un "carisma de curaci贸n" a una cierta categor铆a de participantes, por ejemplo, los dirigentes del grupo; no queda otra opci贸n que la de confiar en la lib茅rrima voluntad del Esp铆ritu Santo, el cual dona a algunos un carisma especial de curaci贸n para manifestar la fuerza de la gracia del Resucitado. Sin embargo, ni siquiera las oraciones m谩s intensas obtiene la curaci贸n de todas las enfermedades. As铆, el Se帽or dice a San Pablo: "Mi gracia te basta, que mi fuerza se muestra perfecta en la flaqueza" (2 Co 12, 9); y San Pablo mismo, refiri茅ndose al sentido de los sufrimientos que hay que soportar, dir谩 "completo en mi carne lo que falta a las tribulaciones de Cristo, en favor de su Cuerpo, que es la Iglesia" (Col 1, 24).

II. ASPECTOS DISCIPLINARES


Art. 1 – Los fieles son libres de elevar oraciones a Dios para obtener la curaci贸n. Cuando 茅stas se realizan en la Iglesia o en otro lugar sagrado, es conveniente que sean guiadas por un sacerdote o un di谩cono.

Art. 2 – Las oraciones de curaci贸n son lit煤rgicas si aparecen en los libros lit煤rgicos aprobados por la autoridad competente de la Iglesia; de lo contrario no son lit煤rgicas.

Art. 3 - § 1. Las oraciones lit煤rgicas de curaci贸n deben ser celebradas de acuerdo con el rito prescrito y con las vestiduras sagradas indicadas en el Ordo benedictionis infirmorum del Rituale Romanum. (27)

§ 2. Las Conferencias Episcopales, conforme con lo establecido en los Prenotanda, V, De aptationibus quae Conferentiae Episcoporum competunt, (28) del mismo Rituale Romanum, pueden introducir adaptaciones al rito de las bendiciones de los enfermos, que se retengan pastoralmente oportunas o eventualmente necesarias, previa revisi贸n de la Sede Apost贸lica.

Art. 4 - § 1. El Obispo diocesano (29) tiene derecho a emanar normas para su Iglesia particular sobre las celebraciones lit煤rgicas de curaci贸n, de acuerdo con el can. 838 § 4.

§ 2. Quienes preparan los mencionados encuentros lit煤rgicos, antes de proceder a su realizaci贸n, deben atenerse a tales normas.

§ 3. El permiso debe ser expl铆cito, incluso cuando las celebraciones son organizadas o cuentan con la participaci贸n de Obispos o Cardenales de la Santa Iglesia Romana. El Obispo diocesano tiene derecho a prohibir tales acciones a otro Obispo, siempre que subsista una causa justa y proporcionada.

Art. 5 - § 1. Las oraciones de curaci贸n no lit煤rgicas se realizan con modalidades distintas de las celebraciones lit煤rgicas, como encuentros de oraci贸n o lectura de la Palabra de Dios, sin menoscabo de la vigilancia del Ordinario del lugar, a tenor del can. 839 § 2.

§ 2. Ev铆tese cuidadosamente cualquier tipo de confusi贸n entre estas oraciones libres no lit煤rgicas y las celebraciones lit煤rgicas propiamente dichas.

§ 3. Es necesario, adem谩s, que durante su desarrollo no se llegue, sobre todo por parte de quienes los gu铆an, a formas semejantes al histerismo, a la artificiosidad, a la teatralidad o al sensacionalismo.

Art. 6 – El uso de los instrumentos de comunicaci贸n social, en particular la televisi贸n, mientras se desarrollan las oraciones de curaci贸n, lit煤rgicas o no lit煤rgicas, queda sometido a la vigilancia del Obispo diocesano, de acuerdo con el can. 823, y a las normas establecidas por la Congregaci贸n para la Doctrina de la Fe en la Instrucci贸n del 30 de marzo de 1992.(30)

Art. 7 - § 1. Manteni茅ndose lo dispuesto m谩s arriba en el art. 3, y salvas las funciones para los enfermos previstas en los libros lit煤rgicos, en la celebraci贸n de la Sant铆sima Eucarist铆a, de los Sacramentos y de la Liturgia de las Horas no se deben introducir oraciones de curaci贸n, lit煤rgicas o no lit煤rgicas.

§ 2. Durante las celebraciones, a las que hace referencia el § 1, se da la posibilidad de introducir intenciones especiales de oraci贸n por la curaci贸n de los enfermos en la oraci贸n com煤n o "de los fieles", cuando 茅sta sea prevista.

Art. 8 - § 1. El ministerio del exorcistado debe ser ejercitado en estrecha dependencia del Obispo diocesano, y de acuerdo con el can. 1172, la Carta de la Congregaci贸n para la Doctrina de la Fe del 29 de septiembre de 1985 (31) y el Rituale Romanum. (32)

§ 2. Las oraciones de exorcismo, contenidas en el Rituale Romanum, debe permanecer distintas de las oraciones usadas en las celebraciones de curaci贸n, lit煤rgicas o no lit煤rgicas.

§ 3. Queda absolutamente prohibido introducir tales oraciones en la celebraci贸n de la Santa Misa, de los Sacramentos o de la Liturgia de las Horas.

Art. 9 – Quienes gu铆an las celebraciones, lit煤rgicas o no, se deben esforzar por mantener un clima de serena devoci贸n en la asamblea y usar la prudencia necesaria si se produce alguna curaci贸n entre los presentes; concluida la celebraci贸n, podr谩n recoger con simplicidad y precisi贸n los eventuales testimonios y someter el hecho a la autoridad eclesi谩stica competente.

Art. 10 – La intervenci贸n del Obispo diocesano es necesaria cuando se verifiquen abusos en las celebraciones de curaci贸n, lit煤rgicas o no lit煤rgicas, en caso de evidente esc谩ndalo para comunidad de fieles y cuando se produzcan graves desobediencias a las normas lit煤rgicas e disciplinares.



El Sumo Pont铆fice Juan Pablo II, en el curso de la audiencia concedida al Prefecto, ha aprobado la presente Instrucci贸n, decidida en la reuni贸n ordinaria de esta Congregaci贸n, y ha ordenado su publicaci贸n.

Roma, en la sede de la Congregaci贸n para la Doctrina de la Fe, 14 de semptiembre de 2000, Fiesta de la Exaltacion de la Cruz.



+ Ioseph Card. RATZINGER
Prefecto

+ Tarcisio BERTONE, S.D.B.
Arzobispo em茅rito de Vercelli
Secretario

Tarcisio BERTONE, S.D.B.



NOTAS



(1) JUAN PABLO II, Exhortaci贸n Apost贸lica Christifideles laici, n. 53, AAS 81(1989), p. 498.

(2) Catecismo de la Iglesia Cat贸lica, n. 1502.

(3) JUAN PABLO II, Carta Apost贸lica Salvificis doloris, n. 11, AAS 76(1984), p. 212.

(4) Rituale Romanum, Ex Decreto Sacrosancti Oecumenici Concilii Vaticani II instauratum, Auctoritate Pauli PP. VI promulgatum, Ordo Unctionis Infirmorum eorunque Pastoralis Curae, Edtio tyipica, Typis Polyglottis Vaticanis, MCMLXXII, n. 2.

(5) JUAN PABLO II, Carta Apost贸lica Salvificis doloris, n. 19, AAS 76(1984), p. 225.

(6) JUAN PABLO II, Exhortaci贸n Apost贸lica Christifideles laici, n. 53, AAS 81(1989), p. 499.

(7) Ibid., n. 53.

(8) Catecismo de la Iglesia Cat贸lica, n. 1511.

(9) Cf. Rituale Romanum, Ordo Unctionis Infirmorum eorunque Pastoralis Curae, n. 5.

(10) Ibid., n. 75.

(11) Ibid., n. 77.

(12) Missale Romanum, Ex Decreto Sacrosancti Oecumenici Concilii Vaticani II instauratum, Auctoritate Pauli PP. VI promulgatum, Edtio typica altera, Typis Polyglottis Vaticanis, MCMLXXV, pp. 838-839.

(13) Cf. Rituale Romanum, Ex Decreto Sacrosancti Oecumenici Concilii Vaticani II instauratum, Auctoritate Ioannis Pauli PP. II promulgatum, De Benedictionibus, Edtio tyipica, Typis Polyglottis Vaticanis, MCMLXXXIV, n. 305.

(14) Cf. Ibid., nn. 306-309.

(15) Cf. Ibid., nn. 315-316.

(16) Cf. Ibid., n. 319.

(17) Rituale Romanum, Ordo Unctionis Infirmorum eorunque Pastoralis Curae, n. 3.

(18) Cf. CONCILIO DE TRENTO, secc. XIV, Doctrina de sacramento estremae unctionis, cap. 2: DS, 1696.

(19) AUGUSTINUS IPPONIENSIS, Espistulae 130, VI,13 (PL 33,499).

(20) Cf. AUGUSTINUS IPPONIENSIS, De Civitate Dei, 22, 8,3 (= PL 41,762-763).

(21) Cf. Missale Romanum, p. 563.

(22) Ibid., Oratio universalis, n. X (Pro tribulatis, p. 256).

(23) Rituale Romanum, Ordo Unctionis Infirmorum eorunque Pastoralis Curae, n. 75.

(24) GOAR J., Euchologion sive Rituale Grecorum, Venetiis 1730, (Graz 1960), n. 338.

(25) DENZINGER H., Ritus Orientalium in administrandis Sacramentis, vv. I-II, W眉rzburg 1863 (Graz 1961), v. II, pp. 497-498.

(26) Rituale Romanum, Ex Decreto Sacrosancti Oecumenici Concilii Vaticani II instauratum, Auctoritate Pauli PP. VI promulgatum, De Sacra Communione et de Cultu Mysterii Eucharistici Extra Missam, Edtio tyipica, Typis Polyglottis Vaticanis, MCMLXXIII, n. 82.

(27) Cf. Rituale Romanum, De Benedictionibus, nn. 290-320.

(28) Ibid., n. 39.

(29) Y los que a 茅l se equiparan, de acuerdo con el can. 381, § 2.

(30) Congregaci贸n Para La Doctrina De La Fe, Instrucci贸n El Concilio Vaticano II, acerca de algunos aspectos del uso de los instrumentos de comunicaci贸n social en la promoci贸n de la doctrina de la fe, 30 de marzo de 1992, Ciudad del Vaticano [1992].

(31) Congregatio Pro Doctrina Fidei, Epistula Inde ab aliquot annis, Ordinariis locorum missa: in mentem normae vigentes de exorcismis revocatur, 29 septembris 1985, in AAS 77(1985), pp. 1169-1170.

(32) Cf. Rituale Romanum, Ex Decreto Sacrosancti Oecumenici Concilii Vaticani II instauratum, Auctoritate Ioannis Pauli PP. VI promulgatum, De exorcismis et supplicationibus quibusdam, Edtio tyipica, Typis Polyglottis Vaticanis, MIM, Praenotanda, nn. 13-19.


N.B.: Traducci贸n distribuida por la Sala de Prensa de la Santa Sede.




 
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