Texto en espa帽ol de la Congregaci贸n para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos (26 de enero de 1999)
Autor: Congregaci贸n para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos | Fuente: www.corazones.org
EL RITO DE EXORCISMO
-Publicado por el Vaticano en Enero de 1999
CONGREGACION DEL CULTO DIVINO Y DISCIPLINA DE LOS SACRAMENTOS Prot. N. 1280 / 98 / L
DECRETO
La Iglesia obediente a la oraci贸n del Padre Nuestro, ya desde tiempos antiguos provey贸 con misericordia entre los sacramentales el que por piadosas oraciones dirigidas a Dios se buscara que los cristianos fueran liberados de diversos peligros y especialmente de las asechanzas del demonio. De una manera muy especial instituy贸 exorcistas en la Iglesia, los que, imitando la caridad de Cristo, pusieran remedio a las posesiones del maligno, incluso ordenando en nombre de Dios a los demonios para que se fueran y no da帽aran por cualquier raz贸n a los hombres por m谩s tiempo.
Pareci贸 oportuno en nuestros tiempos revisar las normas tradicionales y las oraciones y tambi茅n los modelos del t铆tulo XII del Ritual Romano, a fin de que los ritos respondieran a los decretos de la Constituci贸n Sacrosanctum Concilium de Concilio Vaticano II, y especialmente el art铆culo 79.
Por lo tanto este ritual de Exorcismos ha sido renovado y aprobado por el Sumo Pont铆fice Juan Pablo II el d铆a 1 de Octubre de 1998, y esta Congregaci贸n lo promulga para que sustituya a las normas y modelos que hasta hoy hab铆a en el t铆tulo XII del Ritual Romano.
Tan pronto vea la luz la edici贸n la pueden utilizar todos aquellos a los que seg煤n el derecho compete usarla. No obstante cuiden las Conferencias Episcopales que las ediciones en lengua vern谩cula preparadas para el Ritual y adaptadas a las normas del derecho, se remitan a la Santa Sede para su aprobaci贸n.
Quedando anulado todo lo pudiese haber en contra.
De los magistrados de la Congregaci贸n del Culto Divino y Disciplina del los Sacramentos, d铆a 22 de Noviembre de 1998, en la solemnidad de nuestro Sr. Jesucristo Rey Universal.
Georgius Card. MEDINA ESTEVEZ
Prefecto
Gerardus M. Agnelo
Archiep. A Secretis
Presentaci贸n oficial del cardenal Medina Est茅vez,
prefecto de la Congregaci贸n para el culto divino y la disciplina de los sacramentos
en la sala de Prensa de la Santa Sede
Martes 26 de enero de 1999
Para poder entender qu茅 es el exorcismo, se debe partir de Jes煤s y de su misma praxis.
Jesucristo vino al mundo y a los hombres para anunciar e inaugurar el reino de Dios. Los hombres poseen una innata capacidad para recibir a Dios en su coraz贸n (cf. Rm 5, 5). Sin embargo, esta capacidad para acoger a Dios es ofuscada por el pecado, y en algunas ocasiones el mal ocupa en el hombre el puesto que s贸lo le corresponde a Dios. Por ello, Jesucristo vino a liberar al hombre del mal y del pecado, y tambi茅n de todas las formas de dominaci贸n del maligno, es decir, del diablo y de sus esp铆ritus malignos, llamados demonios, que quieren pervertir el sentido de la vida del hombre. Por esta raz贸n, Jesucristo expulsaba los demonios y liberaba a los hombres de la posesi贸n de los esp铆ritus malignos, para hallar cabida en el coraz贸n del hombre y darle la posibilidad de conseguir la libertad ante Dios, que quiere darle su Esp铆ritu Santo, para que se convierta en su templo vivo (cf. 1 Co 6, 19; 1 P 2, 5) y dirija sus pasos hacia el camino de la paz y de la salvaci贸n (cf. Rm 8, 1-17; 1 Co 12, 1-11; Ga 5, 16-26).
La Iglesia est谩 llamada a seguir a Jesucristo y ha recibido, de Cristo mismo, el poder de continuar, en su nombre, su misi贸n. De aqu铆 que la acci贸n de Cristo para liberar al hombre del mal se ejercita a trav茅s del servicio de la Iglesia y de sus ministros ordenados, delegados por el obispo para cumplir los ritos sagrados dirigidos a librar a los hombres de la posesi贸n del maligno.
El exorcismo constituye una antigua y particular forma de oraci贸n que la Iglesia emplea contra el poder del diablo. He aqu铆 c贸mo explica el Catecismo de la Iglesia cat贸lica en qu茅 consiste el exorcismo y c贸mo se lleva a cabo: «Cuando la Iglesia pide p煤blicamente y con autoridad, en nombre de Jesucristo, que una persona o un objeto sea protegido contra la influencia del maligno y substra铆do a su dominio, se habla de exorcismo. Jes煤s lo practic贸 (cf. Mc 1, 25 ss); de 茅l deriva a la Iglesia el poder y la tarea de exorcizar (cf. Mc 3, 15; 6, 7. 13; 16, 17). De una manera simple, el exorcismo se practica durante la celebraci贸n del bautismo. El exorcismo solemne, llamado «gran exorcismo», puede ser practicado s贸lo por un presb铆tero y con el permiso del obispo. En esta materia es necesario proceder con prudencia, observando rigurosamente las normas establecidas por la Iglesia. El exorcismo tiene como objeto expulsar a los demonios o liberar de la influencia demon铆aca, mediante la autoridad que Jes煤s ha dado a su Iglesia. Muy diferente es el caso de enfermedades, sobre todo ps铆quicas, cuya curaci贸n pertenece al campo de la ciencia m茅dica. Es importante, por lo tanto, asegurarse, antes de celebrar el exorcismo, que se trate de una presencia del maligno y no de una enfermedad (cf. C贸digo de derecho can贸nico, c. 1172)» (Catecismo de la Iglesia cat贸lica, n. 1673).
La Sagrada Escritura nos ense帽a que los esp铆ritus malignos, enemigos de Dios y del hombre, realizan su acci贸n de modos diversos; entre 茅stos se se帽ala la obsesi贸n diab贸lica, llamada tambi茅n posesi贸n diab贸lica. Sin embargo, la obsesi贸n diab贸lica no constituye la manera m谩s frecuente como el esp铆ritu de las tinieblas ejerce su influjo. La obsesi贸n tiene caracter铆sticas de espectacularidad; en ella el demonio se apropia, en cierto modo, de las fuerzas y de la actividad f铆sica de la persona que sufre la posesi贸n. No obstante esto, el demonio no puede adue帽arse de la libre voluntad del sujeto, lo que impide el compromiso de la libre voluntad del pose铆do, hasta el punto de hacerlo pecar. Sin embargo, la violencia f铆sica que el diablo ejerce sobre el obseso constituye un incentivo al pecado, que es lo que 茅l quisiera obtener. El ritual del exorcismo se帽ala diversos criterios e indicios que permiten llegar, con prudente certeza, a la convicci贸n de que se est谩 ante una posesi贸n diab贸lica. Es solamente entonces cuando el exorcista autorizado puede realizar el solemne rito del exorcismo. Entre estos criterios indicados se encuentran: el hablar con muchas palabras de lenguas desconocidas o entenderlas; desvelar cosas escondidas o distantes; demostrar fuerzas superiores a la propia condici贸n f铆sica, y todo ello juntamente con una aversi贸n vehemente hacia Dios, la sant铆sima Virgen, los santos, la cruz y las sagradas im谩genes.
Se subraya que para llevar a cabo el exorcismo es necesaria la autorizaci贸n del obispo diocesano. Autorizaci贸n que puede ser concedida para un caso espec铆fico o de un modo general y permanente al sacerdote que ejerce en la di贸cesis el ministerio de exorcista.
El Ritual romano conten铆a, en un cap铆tulo especial, las indicaciones y el texto lit煤rgico de los exorcismos. Este cap铆tulo era el 煤ltimo, y hab铆a quedado sin ser revisado despu茅s del concilio Vaticano II. La redacci贸n final del Rito de los exorcismos ha requerido muchos estudios, revisiones, renovaciones y modificaciones, consultas a las diversas Conferencias episcopales; todo ello analizado por parte de una Asamblea ordinaria de la Congregaci贸n para el culto divino. El trabajo ha costado diez a帽os de esfuerzos, dando como resultado el texto actual, aprobado por el Sumo Pont铆fice, que hoy se hace p煤blico y se pone a disposici贸n de los pastores y de los fieles de la Iglesia. Resta, no obstante, un trabajo que incumbe a las respectivas Conferencias episcopales: la traducci贸n de este Ritual a las lenguas habladas en sus respectivos territorios. Estas traducciones deben ser exactas y fieles al original latino, y deben ser sometidas, seg煤n la norma can贸nica, a la recognitio de la Congregaci贸n para el culto divino.
En el Ritual que hoy presentamos se encuentra, sobre todo, el rito del exorcismo propiamente dicho, que debe realizarse sobre la persona obsesa. Siguen las oraciones que debe decir p煤blicamente un sacerdote, con el permiso del obispo, cuando se juzga prudentemente que existe un influjo de Satan谩s sobre lugares, objetos o personas, sin llegar al nivel de una posesi贸n propiamente dicha. Contiene, adem谩s, una serie de oraciones que pueden ser dichas privadamente por los fieles, cuando sospechan con fundamento que est谩n sujetos a influjos diab贸licos.
El exorcismo tiene como punto de partida la fe de la Iglesia, seg煤n la cual existen Satan谩s y los otros esp铆ritus malignos, y que su actividad consiste en alejar a los hombres del camino de la salvaci贸n. La doctrina cat贸lica nos ense帽a que los demonios son 谩ngeles ca铆dos a causa del propio pecado; que son seres espirituales con gran inteligencia y poder: «El poder de Satan谩s, sin embargo, no es infinito. 脡ste no es sino una criatura, poderosa por el hecho de ser esp铆ritu puro, pero siempre criatura: no puede impedir la edificaci贸n del reino de Dios. Aunque Satan谩s act煤e en el mundo por odio contra Dios y su reino en Cristo Jes煤s, y su acci贸n cause graves da帽os -de naturaleza espiritual e, indirectamente, tambi茅n de naturaleza f铆sica- a cada hombre y a la sociedad, esta acci贸n es permitida por la divina Providencia, que gu铆a la historia del hombre y del mundo con fuerza y suavidad. La permisi贸n por parte de Dios de la actividad diab贸lica constituye un misterio grande, sin embargo ianosotros sabemos que Dios dispone todas las cosas para el bien de los que lo amanlo (Rm 8, 28)» (Catecismo de la Iglesia cat贸lica, n. 395).
Quisiera subrayar que el influjo nefasto del demonio y de sus secuaces es habitualmente ejercitado a trav茅s del enga帽o, la mentira y la confusi贸n. As铆 como Jes煤s es la Verdad (cf. Jn 8, 44), el diablo es el mentiroso por excelencia. Desde siempre, desde el inicio, la mentira ha sido su estrategia preferida. No hay lugar a dudas de que el diablo tiene la capacidad de atrapar a muchas personas en las redes de las mentiras, peque帽as o grandes. Enga帽a a los hombres haci茅ndoles creer que no tienen necesidad de Dios y que son autosuficientes, sin necesitar ni la gracia ni la salvaci贸n. Logra enga帽ar a los hombres amortiguando en ellos, e incluso haciendo desaparecer, el sentido del pecado, sustituyendo la ley de Dios como criterio de moralidad por las costumbres o consensos de la mayor铆a. Persuade a los ni帽os para que crean que la mentira constituye una forma adecuada para resolver diversos problemas, y de esta manera se forma entre los hombres, poco a poco, una atm贸sfera de desconfianza y de sospecha. Detr谩s de las mentiras, que llevan el sello del gran mentiroso, se desarrollan las incertidumbres, las dudas, un mundo donde ya no existe ninguna seguridad ni verdad, y en el cual reina, en cambio, el relativismo y la convicci贸n de que la libertad consiste en hacer lo que da la gana. De esta manera no se logra entender que la verdadera libertad consiste en la identificaci贸n con la voluntad de Dios, fuente del bien y de la 煤nica felicidad posible.
La presencia del diablo y de su acci贸n explica la advertencia del Catecismo de la Iglesia cat贸lica: «La dram谩tica condici贸n del mundo que "yace" todo 茅l "bajo el poder del maligno" (1 Jn 5, 19), hace que la vida del hombre sea una lucha: "Toda la historia humana se encuentra envuelta en una tremenda lucha contra el poder de las tinieblas; lucha que comenz贸 ya en el origen del mundo, y que durar谩, como dice el Se帽or, hasta el 煤ltimo d铆a. Inserto en esta batalla, el hombre debe combatir sin descanso para poder mantenerse unido al bien; no puede conseguir su unidad interior si no es al precio de grandes esfuerzos, con la ayuda de la gracia de Dios" (Gaudium et spes, 37, 2)» (n. 409).
La Iglesia est谩 segura de la victoria final de Cristo y, por tanto, no se deja arrastrar por el miedo o por el pesimismo; al mismo tiempo, sin embargo, es consciente de la acci贸n del maligno, que trata de desanimarnos y de sembrar la confusi贸n. «Tengan confianza -dice el Se帽or-; yo he vencido al mundo» (Jn 8, 33). En este marco encuentran su justo lugar los exorcismos, expresi贸n importante, pero no la 煤nica, de la lucha contra el maligno.
Card. Jorge A. MEDINA EST脡VEZ
Prefecto
PREFACIO
En todo el curso de la historia de la salvaci贸n se encuentran seres ang茅licos, algunos que sirven al consejo divino y al misterio de la Iglesia y dan continuamente una potente ayuda; pero sin embargo otros ca铆dos, y llamados diab贸licos, se oponen a Dios, a su voluntad salv铆fica y al cumplimiento de la misi贸n de Cristo, intentando asociar al hombre a la propia rebeli贸n contra Dios.
En las Sagradas Escrituras, al Diablo y a los demonios se les dan diversos nombres, entre los que algunos hacen referencia a su naturaleza y otros a la actividad. El Diablo que se llama tambi茅n Satan谩s, antigua serpiente y drag贸n, es el que seduce a todo el universo y lucha contra aquellos que cumplen los mandamientos de Dios y aceptan el testimonio de Jes煤s (cf. Apoc 12,9.17). Desde el principio se le se帽ala como adversario de los hombres (1 Petr 5,8) y homicida (cf. Io 8,44); pues por el pecado hizo al hombre sujeto a la muerte. Por el hecho de que con sus insidias provoca al hombre para que desobedezca a Dios, este Malo se llama Tentador (cf. Mt 4,3 et 26,36-44), mentiroso y padre de la mentira (cf. Io 8,44), que obra sagaz y falsamente, como lo atestigua la seducci贸n de nuestros primeros padres (cf.Gen 3,4.13), el intento de apartar a Jes煤s de la misi贸n aceptada al Padre (cf. Mt 4,1-11; Mc 1,12; Le 4,1-13) y su transfiguraci贸n en 谩ngel de luz (cf. 2Cor 11, 14). Se llama tambi茅n pr铆ncipe de este mundo (cf. Io 12, 31:14, 30), especialmente del mundo que ha sido dominado por el Maligno (1 Io 5, 19) y no conoci贸 la Luz verdadera (cf. Io 1, 9-10). Finalmente su poder es declarado como poder de las tinieblas (cf. Lc 22, 53; Col 1, 13), puesto que odia la Luz, que es Cristo, y lleva a los hombres a sus propias tinieblas. Los Demonios verdaderamente aquellos que con el diablo no reconocieron el principado de Dios, fueron declarados r茅probos (cf. 2 Petr 2, 4) y forman la maldad espiritual (cf. Eph 6, 12), puesto que hubieran sido creados esp铆ritus que pecaron, y los 谩ngeles son llamados Satan谩s (cf. Mt 25, 41; 2Cor 12, 7; Apoc 12, 7.9), lo cual puede significar tambi茅n que les fue concebida una misi贸n especial por el pr铆ncipe maligno.
La victoria del Hijo de Dios destruy贸 (cf. 1 Io 3, 8) las obras de todos estos esp铆ritus inmundos, malos y seductores (cf. Mt 10, 1; Mc 5, 8; Lc 6, 18; 11,26, Act 8,7; 1Tim 4, 1; Apoc 18, 2). Aunque “invadi贸 la historia de todos los hombres una ardua batalla contra las potestades de las tinieblas” “que durar谩 hasta el final de los d铆as”, Cristo por su pascual misterio de muerte y resurrecci贸n “nos ha arrancado de la servidumbre del diablo y del pecado” rompiendo su imperio y liberando todas las cosas de los contagios malignos. Como pues la acci贸n contraria y destructora del Diablo y de los demonios afecte a las personas, cosas, lugares y se agrupen de diverso modo, la Iglesia, siempre consciente de que “los d铆as son malos” (Eph 5, 16), or贸 y ora para que los hombres sean liberados del demonio.
PRAENOTANDA
DE LA VICTORIA DE CRISTO Y LA AUTORIDAD DE LA IGLESIA CONTRA LOS DEMONIOS
1. La Iglesia cree firmemente que hay un solo y verdadero Dios, Padre, Hijo y Esp铆ritu Santo, un solo principio de todas las cosas: creador de todas las cosas “visibles e invisibles.” Y adem谩s; Dios cuida y gobierna con su providencia todas las cosas que hizo (cf. Col 1, 16), y no hizo nada que no fuera bueno. Hasta “los diablos y los otros demonios fueron creados tambi茅n por Dios buenos en cuanto a la naturaleza; pero ellos se hicieron malos por s铆 mismos.” De donde ellos hubieren sido buenos si hubiesen permanecido buenos como fueron hechos. Pero como usaron mal de su extraordinaria naturaleza, y no permanecieron en la verdad (cf. Io 8, 44), no se convirtieron en una sustancia contraria (mala), sino que se separaron del sumo Bien, al que se ten铆an que haber unido.
2. El hombre, pues, fue creado a imagen de Dios “en la justicia y la santidad de verdad” (Eph 4,24) y su dignidad exige que elija con libertad y seg煤n la conciencia. “Pero, con la persuasi贸n diab贸lica, abus贸 demasiado del don de la libertad. Por el pecado de la desobediencia (cf. Gen 3; Rom 5, 12) bajo el poder del diablo, adem谩s de que le hizo volver a la muerte, fue hecho siervo del pecado. Por eso se estableci贸 en la historia de los hombres una dura lucha cuerpo a cuerpo contra las potestades de las tinieblas, que empezada en el origen del mundo, bajo la direcci贸n del Se帽or (cf. Mt 24, 13; 13, 24-30 y 36-43) durara hasta el 煤ltimo d铆a”.
3. El Padre todopoderoso y misericordioso envi贸 al mundo a su Hijo amado para sacar a los hombres de la potestad de las tinieblas, y llevarlos a su reino. (cf. Gal 4, 5; Col 1, 13). Por lo que Cristo, primog茅nito de toda criatura (Col 1, 15), renovando al viejo hombre, visti贸 la carne del pecado, para destruir por la muerte a aquel que ten铆a el imperio de la muerte, esto es, el diablo (Hebr 2, 14), y la herida naturaleza humana, por la Pasi贸n y Muerte de Jesucristo, constituirla en una nueva criatura, con el don del Esp铆ritu Santo.
4. El Se帽or Jes煤s, pues, en los d铆as de su encarnaci贸n, habiendo vencido las tentaciones en el desierto, (cf. Mt 4, 1-11; Mc 1, 12-13; Lc. 4, 1-13), con su autoridad expuls贸 a Satan谩s y a otros demonios, imponi茅ndoles su divina voluntad (cf. Mt 12, 27-29; Lc 11, 19-20). Haciendo bien y sanando a todos los opresos por el diablo (cf. Act 10, 38), manifest贸 su obra de salvaci贸n al liberar a los hombres del pecado, de sus consecuencias y del autor del primer pecado, homicida desde el principio y padre de la mentira (Io 8, 44).
5. Cuando vino la hora de las tinieblas, el Se帽or, “hecho obediente hasta la muerte” (Phil 2, 8), por el poder de la Cruz repeli贸 el nov铆simo 铆mpetu del Satan谩s (cf. Lc 4,13; 33, 53), triunfando de la soberbia del antiguo enemigo. Esta victoria se manifiesta con la gloriosa resurrecci贸n de Cristo, cuando Dios lo resucit贸 de entre los muertos y lo puso a su derecha en el cielo y todo lo sujet贸 debajo de sus pies (cf. Eph 1, 21-22)
6. Cristo, para el ministerio que les encomend贸, les dio poder a sus Ap贸stoles y otros disc铆pulos, para echar fuera a los esp铆ritus inmundos. (cf. Mt 10, 1.8; Mc 3, 14-15; 6, 7.13; Lc 9, 1; 10, 17.18-20). Les prometi贸 el Santo Esp铆ritu Par谩clito, que procede del Padre por medio del Hijo, que acusar谩 al mundo de juicio, porque el pr铆ncipe de este mundo ya ha sido juzgado (cf. Io 16, 7-11). Entre las se帽ales siguen a los creyentes , se enumera en el Evangelio el sacar los demonios (cf. Mt 16, 17).
7. De all铆 que la Iglesia ejerci贸, desde el tiempo de los ap贸stoles, la potestad de sacar demonios y repeler su influjo ( Act 5, 16; 8,7; 16, 18; 19, 12). Ora continua y confiadamente “en nombre de Jes煤s” para liberarse del Malo (cf. Mt 6, 13 ). Mand贸 a los demonios de varias maneras, por el mismo nombre y por la virtud del Esp铆ritu Santo, que no impidan la obra de evangelizaci贸n (cf. 1 Thess 2, 18) y le restituyan, como el M谩s Fuerte (cf. Lc 11, 21 22), el dominio de todo y tambi茅n de cada hombre. Se llama exorcismo cuando la Iglesia p煤blicamente y con autoridad, en nombre de Jes煤s, ora para que algunas personas o cosas sean protegidas contra el influjo del Maligno, y se saquen de su influjo.
DE LOS EXORCISMOS COMO TRABAJO DE SANTIFICAR LA IGLESIA
8. Por medio de la antiqu铆sima tradici贸n de la Iglesia conservada sin interrupci贸n, sabemos que el camino de la iniciaci贸n cristiana se organiza de tal manera que se se帽ala claramente la espiritual lucha cuerpo a cuerpo contra el poder del diablo ( cf. Eph 6, 12) y que la misma empiece a acontecer. Los exorcismos que hay que hacer de forma sencilla sobre los elegidos en el tiempo del catecumenado o exorcismos menores, son oraciones de la Iglesia para que estos, conocido que han sido liberados de pecado por el misterio de Cristo, se liberen de las secuelas del pecado y de los influjos del diablo, sean robustecidos en su camino espiritual y abran sus corazones para recibir los dones del Salvador. Por fin, en la celebraci贸n del Bautismo, los que se van a bautizar renuncian a Satan谩s y a su fuerza y poder y se oponen a 茅l con su fe propia en Dios uno y trino. Tambi茅n en el bautismo de p谩rvulos se hace una oraci贸n de exorcismo sobre los ni帽os “inclinados a las cosas agradables de este mundo y que han de luchar contra las insidias del demonio” , para que sean fortalecidos en el camino de la vida con la gracia de Cristo. Por el bautismo, el hombre participa de la victoria de Cristo sobre el diablo y el pecado, cuando pasa de aquel estado en el que nace como hijo del primer Ad谩n al estado de gracia y de adopci贸n como hijo de Dios por el segundo Ad谩n Jesucristo y es liberado de la servidumbre del pecado, con la libertad que Cristo nos liber贸 (cf. Gal 5, 1)
9. Los fieles, aun renacidos en Cristo, los que est谩n en el mundo experimentan tentaciones, por lo que deben vigilar porque su adversario “el Diablo como un le贸n rugiente da vueltas buscando a quien devorar” (cf. 1 Pet 5, 8). Al cual hay que resistir siendo fuertes en la fe, confortados por el Se帽or y en el poder de su virtud (Eph 6, 10) y apoyados por la Iglesia que ruega que sus hijos est茅n a salvo de cualquier perturbaci贸n. Por la gracia de los sacramentos y especialmente por la celebraci贸n repetitiva del de la penitencia consiguen fuerzas, hasta que lleguen a la plena libertad de los hijos de Dios (cf. Rom 88,21).
10. Pero el misterio de la piedad divina se hace para nosotros muy dif铆cil de entender, cuando alguna vez ocurren casos de alguna especial vejaci贸n o posesi贸n (ocupaci贸n) por parte del diablo de alguna persona agregada al pueblo de Dios y bautizado por Cristo para que como hijo de la luz caminara hacia la vida eterna. Entonces queda claro el misterio de iniquidad que se esta realizando en el mundo, aunque el demonio no pueda traspasar los l铆mites que Dios le haya impuesto. Esta forma de potestad del demonio sobre el hombre difiere de aquella que se daba en el hombre debido al pecado original, que es pecado. Si ocurre esto, la Iglesia implora a Cristo, Se帽or y Salvador, confiada en su poder, le ofrece ayudas al fiel vejado o pose铆do para sea liberado de la vejaci贸n o posesi贸n.
11. Entre estas ayudas sobresale el exorcismo mayor, solemne, que tambi茅n se llama mayor, que es una celebraci贸n lit煤rgica. Por esta raz贸n los exorcismos que intentan expulsar a los demonios o liberar del influjo demon铆aco y adem谩s con la autoridad espiritual que Jes煤s dio a Su Iglesia es una oraci贸n de la clase de los sacramentales, por lo tanto es un signo sagrado que significa signos especialmente espirituales y que se obtienen por el mandato de la Iglesia.
12. En los exorcismos mayores la Iglesia unida suplica al Esp铆ritu Santo que ayude nuestra debilidad para echar demonios y as铆 no da帽en a los fieles. Con aquel confiado soplo que el Hijo de Dios despu茅s de la resurrecci贸n dono el Esp铆ritu, la Iglesia hace el exorcismo, no en nombre propio, sino 煤nicamente en el nombre de Dios o Cristo Se帽or, a quien todo, tambi茅n el diablo y los demonios, debe obedecer.
DEL MINISTRO Y CONDICIONES PARA UN EXORCISMO MAYOR
13. El ministerio para exorcizar a los pose铆dos necesita de una licencia peculiar y expresa del Ordinario del lugar que, como regla, ser谩 el mismo Obispo diocesano. Esta licencia debe concederla solo a sacerdote piadoso, datado de sabidur铆a, prudencian y de vida integra y tambi茅n preparado muy especialmente para esto. Y el sacerdote al le hay sido encomendado el oficio de exorcista, de forma estable o para un caso determinado, ejerza este ministerio confiada y humildemente bajo la moderaci贸n del Obispo diocesano. Cuando en este libro se dice “exorcista”, debe entenderse “sacerdote exorcista”.
14. El exorcista, en el caso de alguna posesi贸n que se dice diab贸lica, ante todo debe proceder con la necesaria y m谩xima circunspecci贸n y prudencia. En primer lugar no crea f谩cilmente que cualquiera est茅 pose铆do por el demonio, especialmente aquel que est茅 tratado por el psic贸logo debido a alguna enfermedad. As铆 mismo en absoluto crea que hay una posesi贸n en el que primero afirm贸 que estaba tentado, desolado y vejado de manera especial por el demonio; pues uno puede enga帽arse as铆 mismo por la propia imaginaci贸n. Tenga tambi茅n presente que no se confunda por los enga帽os y mentiras que utiliza el demonio para enga帽ar al hombre, a fin de convencer al pose铆do para que no se sujete a exorcismos: pues su enfermedad es natural y depende de la ciencia m茅dica. Empiece de manera igual que si verdaderamente hubiera sido vejado por el demonio, tal como ha sido afirmado.
15. Dist铆ngase correctamente el caso de ataque del diablo de aquella credulidad por la cual algunos, incluso, que ellos eran objeto de maleficios, de una malas suertes o maldiciones, que han sido puestas por algunos sobre ellos o parientes o sobre sus bienes. A estos no se les ha de negar la ayuda espiritual, pero bajo ning煤n concepto se les haga un exorcismo; pues se les puede ofrecer otras oraciones acomodadas, de manera que con ellas y por ellas encuentren la paz de Dios. As铆 mismo hay que ofrecer ayuda espiritual a los creyentes a los que el Maligno no les toca, pero son tentados por 茅l para hacer el mal, cuando quieren guardar fidelidad al Se帽or Jes煤s y al Evangelio. Estas oraciones pueden ser oficiadas por sacerdotes que no sean exorcistas, y hasta por un di谩cono, siempre que usen preces y oraciones preparadas para estos casos.
16. El exorcista no debe proceder a celebrar un oficio de exorcismo sino comprueba, con certeza moral, que realmente se va a exorcizar un pose铆do del demonio y que este, si es posible, del consentimiento.
Se tiene por signos de posesi贸n del demonio, seg煤n una forma de hacer comprobada: hablar varias palabras de un lenguaje desconocido, o entender al que las habla; hacer patentes cosas distantes y ocultas; demostrar una fuerza superior a la edad o a su condici贸n natural. Estos signos pueden ofrecer un indicio de posesi贸n. Como estos signos no es forzoso atribuirlos al diablo, hay que fijarse en otras cosas, especialmente del orden moral y espiritual, que de otro modo manifiestan la intervenci贸n del diablo, como por ejemplo, el apartarse vehemente de Dios, Del Sant铆simo Nombre de Jes煤s, de la Bienaventurada Virgen Mar铆a, de los Santos, de la Iglesia, de la Palabra de Dios, de as cosas, de los ritos, especialmente sacramentales y de las im谩genes sagradas. Y finalmente alguna vez la relaci贸n de todos estos signos se ha de sopesar diligentemente en la vida espiritual cristiana con la fe y la lucha, ya que el Maligno en primer lugar es enemigo de Dios y de todas las cosas que unen a los fieles con la acci贸n salv铆fica de Dios.
17. El exorcista, consultados expertos en cosas espirituales y, en cuanto sea posible expertos en ciencias m茅dicas y psiqui谩tricas que tengan conocimiento de cosas espirituales, juzgar谩 prudentemente la necesidad de usar el rito del exorcismo, a trav茅s de una diligente investigaci贸n, guardando siempre el secreto de la confesi贸n.
18. En casos que afecten a un no cat贸lico y en otros muy dif铆ciles, debe exponerlo al Obispo diocesano, el que puede requerir el asesoramiento de algunos expertos, antes de tomar la decisi贸n sobre el exorcismo.
19. H谩gase el exorcismo de manera que se manifiesta la fe de la Iglesia y que nadie lo pueda considerar una acci贸n m谩gica o supersticiosa. Hay que cuidar que no sea un espect谩culo para los presentes. Mientras se hace el exorcismo, de ninguna manera se dar谩 paso a ning煤n medio de comunicaci贸n, y tambi茅n antes de hacer el exorcismo y una vez hecho, ni los exorcistas ni los dem谩s presentes divulgaran la noticia del exorcismo, guardando la debida discreci贸n.
DEL RITO QUE HAY QUE SEGUIR
20. En el rito de exorcismo, hay que prestar una atenci贸n especial, adem谩s de a las oraciones del exorcismo, a los gestos y a los ritos, que ante todo tienen lugar y sentido por que se usan en el camino de preparaci贸n de los catec煤menos en el tiempo de purificaci贸n. Son tales como la se帽al de la cruz, la imposici贸n de manos, soplar y la aspersi贸n con agua bendita.
21. El rito empieza con la aspersi贸n con agua bendita, puesto que vista como s铆mbolo de purificaci贸n en el bautismo, el vejado se siente defendido de las insidias del enemigo.
Se puede bendecir el agua junto con la mezcla de sal, antes del rito o en el mismo rito antes de la aspersi贸n, seg煤n sea oportuno.
22. Siguen unas letan铆as, con la que se pide para el vejado, con la intercesi贸n de todos los santos, la misericordia de Dios.
23. Despu茅s de la letan铆a, el exorcista puede recitar uno o varios salmos, que imploran la protecci贸n del Alt铆simo y alaban la victoria de Cristo sobre el Maligno. Los salmos se leen seguidos o de modo responsorial. Terminado el salmo, el exorcista puede a帽adir una oraci贸n sacada del salmo.
24. Despu茅s se proclama el evangelio, como signo de la presencia de Cristo, que por medio de su propia palabra en la proclamaci贸n de la Iglesia, pone remedio a las enfermedades de los hombres.
25. Despu茅s el exorcista impone las manos sobre el atormentado, para lo que se invoca la fuerza del Esp铆ritu Santo a fin de que el diablo salga de 茅l, que por el Bautismo fue hecho templo de Dios. Al mismo tiempo puede tambi茅n exhalar hacia la cara de atormentado.
26. Despu茅s se recita el Credo o se renueva la promesa de fe del Bautismo con la renuncia a Satan谩s. Sigue el Padre Nuestro, en el cual se le pide a Dios, como Padre nuestro, nos libre del Malo.
27. Acabado todo esto, el exorcista ense帽a al atormentado la cruz del Se帽or, que es fuente de bendiciones y gracias, y hace la se帽al de la cruz sobre 茅l, a trav茅s de lo que se indica el poder de Cristo sobre el diablo.
28. Despu茅s dice una oraci贸n de petici贸n, por la que ruega a Dios y una oraci贸n imperativa por la que, en nombre de Cristo, se le manda claramente al diablo que deje al atormentado. No se debe usar la oraci贸n imperativa si antes no ha sido precedida por una oraci贸n de s煤plica. Pero se puede la oraci贸n de petici贸n y no hacer la oraci贸n imperativa.
29. Todas las cosas dichas antes, cuando se necesiten, se pueden repetir, o en la misma celebraci贸n, teniendo en cuenta lo que se dice en el n煤mero 34, o en otro momento, hasta que el atormentado quede completamente liberado.
30. El rito concluye con un canto de acci贸n de gracias, una oraci贸n y la bendici贸n.
DE COSAS ADJUNTAS Y ACOMODACIONES
31.El Exorcista no puede arrojar al genero menor de los demonios sino por medio de la oraci贸n y el ayuno; estos dos importantes remedios para pedir la ayuda divina, visto el ejemplo de los Santos Padres, deben procurar aplicarlos en cuanto fuere posible, tanto por s铆 como por medio de otros.
32. El fiel atormentado debe, si es posible, especialmente antes del exorcismo, orar a Dios, hacer mortificaciones, renovar frecuentemente la fe recibida en el Bautismo, y acercarse al sacramento de la penitencia para protegerse (saepius) y tambi茅n fortificarse con la sagrada Eucarist铆a. Tambi茅n le pueden ayudar con la oraci贸n por caridad, los amigos, los parientes, el confesor o el director espiritual, si para estos es f谩cil, y la presencia de otros fieles.
33. Si es posible se har谩n los exorcismos en un oratorio o en otro lugar apropiado, separados de la gente (multitud), donde presida la imagen del crucificado. Hay que tener tambi茅n en ese lugar una imagen de la Bienaventurada Virgen Mar铆a.
34. Teniendo en cuenta las circunstancias del atormentado y de otras cosas, el exorcista use de las varias posibilidades que tenga para el rito. Guarde principalmente la estructura de la celebraci贸n, disponga el rito y las formas y seleccione las oraciones que necesita acomod谩ndose a la singularidad de las personas que est茅n presentes.
A) Ante todo tenga en cuenta el estado ps铆quico y psicol贸gico del atormentado y las variaciones posibles en el mismo estado seg煤n el d铆a y la hora.
B) Cuando no haya ning煤n grupo de fieles, ni siquiera peque帽o, que lo requiere desde la fe, la sabidur铆a y la prudencia, recuerde el exorcista que entre 茅l y el fiel atormentado ya son la Iglesia y recu茅rdelo esto al mismo fiel atormentado.
C) Procure, que durante el tiempo que dura el exorcismo, el fiel atormentado se ordene, si fuera posible, se convierta a Dios, y le reclame con toda la humildad la liberaci贸n. Y se mantenga paciente cuanto m谩s se sienta atormentado, no desconfiando del auxilio de Dios por medio del ministerio de la Iglesia.
35. Si se ve que hay que admitir para celebrar el exorcismo a algunos compa帽eros del atormentado, hay que ense帽arles a hacer oraciones con mucha fuerza por el hermano atormentado, o de forma privada o de la forma que se indica en el ritual, pero abst茅nganse de cualquier oraci贸n de exorcismo, sea de petici贸n o imperativa, las cuales solo han de ser usadas por el exorcista.
36. Conviene que cuando el fiel quede liberado de la posesi贸n, tanto s贸lo como con los familiares que le acompa帽an, hagan acciones de gracias a Dios por la paz recibida. Adem谩s se le gu铆e para que persevere en la oraci贸n, sac谩ndola principalmente de las Sagradas Escrituras, y que frecuente el sacramento de la penitencia y de la eucarist铆a y tambi茅n lleve una vida cristiana con obras de caridad y llena de amor fraterno con todos.
DE LAS ADAPTACIONES QUE COMPETEN A LAS CONFERENCIAS EPISCOPALES
37. Pertenece a las conferencias de los obispos:
A) Preparar el texto de las versiones, habiendo observado fidelidad e integridad al texto original.
B) Adaptar los signos y los gestos de los ritos si esto se ve necesario o 煤til, de acuerdo con la cultura y forma de ser de cada pueblo y con la aprobaci贸n de la Santa Sede.
38. Adem谩s de la versi贸n de los Prenotandos, que debe ser 铆ntegra, si la Conferencia Episcopal lo cree oportuno puede a帽adir un Directorio pastoral para el uso de los exorcismos mayores, por el que los exorcistas no s贸lo entiendan m谩s profundamente la doctrina de los Prenotandos y comprendan mejor la significaci贸n plena de los ritos, sino que adem谩s re煤nan los documentos del modo de proceder, de hablar, de interrogar, de juzgar seg煤n autores experimentados. Estos Directorios que se pueden componer con la colaboraci贸n de los sacerdotes que tengan ciencia y madura experiencia por el largo ejercicio del ministerio de exorcista en cada regi贸n y cultura, se enviar谩n a ser revisados por la Sede Apost贸lica seg煤n las normas del derecho.